Conspiraciones, el pan nuestro… (parte I)
Comprender la realidad exige un rigor académico que las historias fantásticas suelen omitir para atraer nuestra atención
Enrique Mijares Martínez
Algún día vi una nota en redes sociales que decía: “¿Por qué es más fácil aceptar las ‘teorías’ de conspiración que las científicas?... Porque para entender las científicas, hay que estudiar”.
No es que haya intolerancia hacia las opiniones de alguien más – porque ahora se le llama intolerante a aquel que habla con la verdad –, pero la realidad, que se ha probado, solo es una.
Además – tal vez al igual que muchos de nosotros –, estamos deseosos de poder asegurar que existen otras civilizaciones en el universo y que han hecho contacto con nosotros.
En la presente columna daré los argumentos que me parecen más válidos para desmontar algunas de estas “conspiraciones”. Si hay algún argumento con el que algún seguidor de estas mal llamadas teorías quisiera contrastar ideas y razones, estoy abierto a hacerlo sin problema.
La Luna
Sin duda, de las “teorías” más recurrentes; afirma, entre otras cosas, que nunca pisamos la superficie de nuestro satélite, que fue un montaje o que hay “estructuras” hechas por civilizaciones extraterrestres y también que es una base – tipo «Estrella de la Muerte» – desde donde otra civilización nos vigila.
Tierra plana
Además, las matemáticas que algunas de estas personas ni siquiera reconocen como válidas nos permiten predecir eclipses, equinoccios y otros tantos fenómenos que solo serían posibles en una Tierra esférica.
Las diferentes constelaciones observables en los hemisferios norte y sur o el “Sol de media noche” en el círculo polar antártico no funcionarían en un disco plano.
Ni siquiera necesitamos subir en un cohete a grandes alturas para darnos cuenta de que la Tierra es esférica; solo es necesaria la observación, el ingenio y un poco de matemáticas.

































