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Culturasábado, 9 de marzo de 2024

Nunca comió como rey

Nunca comió como rey

Alberto Serrato

Las apariencias son el producto de la falsedad interior. Las caricias pueden ser un daño letal, mientras que el filo del cuchillo, puede ser una salvación.

Nunca más hubo intercambio de palabras, ni siquiera lágrimas, todo el dolor se enterraba en las escaleras donde el pequeño se había esfumado. Así lo vivieron, tal y como un duelo suele ser. La casa irradiaba depresión hasta que Milton se enlistó en la milicia.

Milton lo observó y sintió intranquilidad, pero a la vez, se dio cuenta de que era momento para cruzar palabras después de tanto tiempo.

–Victoria, llevamos una vida sin hablar, pero volver a casa, me hace sentir el dolor de aquellos años, por favor debemos abandonar el pasado y dejar de lamentar aquel suceso.

No tiene caso atormentarnos de esa forma, sé que he sido cobarde al enfrentar el dolor, pero quiero redimir. –La mujer, sin levantar la cabeza detuvo el sollozo y con una voz sofocada contestó:

–Me parece perfecto. –Fue lo único que dijo después de casi treinta años de silencio.

Milton tuvo miedo, porque sintió haber recibido respuesta de otra persona y no de su mujer.

Victoria se puso de pie, dio la media vuelta, subió las escaleras, caminó a su habitación y Milton se quedó ahí, observando como la silueta de Victoria se desvanecía en la penumbra de la noche.

Luego de tres horas, pudo dormir algunas dos más y antes de despertar, tuvo un horrible sueño en el que podía verse a sí mismo, siendo succionado por una entidad verdosa y sin forma. Podía percibir y sentir como esa cosa absorbía sus intestinos, órganos y alma.

–Victoria no sé qué pasa. Creo que me estoy acercando al final. Mis fuerzas están por los suelos y con este medicamento todo empeora, quizá debas llamar al seguro médico.

–No pasa nada, Milton, el médico ha estado llamando y dice que con una semana más de tratamiento, todo va a mejorar.

–Por favor, Victoria o solo tráeme el teléfono e intento comunicarme, ya no aguanto los dolores y siento el intestino quemado.

– Victoria lo miró con algo parecido a la compasión, le dio su medicamento, un sorbo de agua, limpió el pus de sus heridas con una gasa, la guardó en su bolsillo y se dio la media vuelta.

Milton quiso pensar en una pesadilla, pero al sentir las llagas en su boca, se dio cuenta de la realidad. Intentó gritarle a Victoria, pero no pudo ni siquiera elevar su voz a un decibel.

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