Sin medias tintas / Ya son diez
La noche del 1 de noviembre, en medio del incienso y los altares de Día de Muertos, la violencia volvió a recordarle a Michoacán que la vida ahí es un eterno altar; pero sin velas encendidas.
Como se vio en videos virales de redes sociales, las calles de Uruapan ardieron después. No con la furia de un linchamiento, sino con la rabia sorda de un pueblo que ya no cree en las promesas de seguridad.
Si un alcalde con reflectores mediáticos muere acribillado, ¿qué esperanza queda para el ciudadano común?














