Análisisjueves, 8 de enero de 2026
Vida y libros / La travesía de los libros
¡Feliz inicio de año!
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¡Feliz inicio de año!
La vida está llena de caminos. Desde que nacemos, todos los días se abren cientos de rutas posibles por donde transitar. Cada decisión que tomamos abre nuevos itinerarios que nos llevan a otros caminos que se bifurcan. Entre estos recorridos nos topamos con miles de aprendizajes, de experiencias, de personas y, quien así lo desea, también de libros.
Siempre he pensado que los libros tienen vida propia, y de alguna manera recorren una travesía hasta encontrar su propio destino. Es por eso que, aunque uno los conserve toda la vida en su biblioteca, terminan en otras manos. Las rutas que han tenido algunos libros antiguos, la manera en que llegaron a distintos dueños y sobrevivieron a los avatares del clima, suele ser tan apasionante como la biografía de un personaje que admiramos.
Los primeros libros impresos en el siglo XVI, salieron de las imprentas buscando nuevos dueños entre grupos pequeños de lectores, casi siempre religiosos o cercanos a la monarquía. Se conservaban en bibliotecas personales, en los conventos o en casas reales. Un siglo después los libros viajaban dentro de cajas encima de carretas o como carga en barcos. Se envolvían en diferentes materiales para que no se dañaran. Poco a poco fueron llegando a un público más amplio, ocupando todos los continentes y abarcando no sólo las órdenes religiosas o las familias reales, sino también otras profesiones.
En el siglo XVIII empezaron a circular, aparte de los títulos religiosos, de literatura, de historia y leyes, enciclopedias y libros escritos por viajeros. Los libros circulaban por todo el mundo y estimulaban la imaginación de los nuevos lectores. Durante el siglo XIX abrieron nuevas imprentas en los cuatro puntos cardinales e iniciaron campañas de alfabetización en Europa. Los libros llegaron a manos de insurgentes que buscaban nuevas soluciones a los problemas políticos y económicos de los países americanos. Los ejemplares encontraron una nueva vía de comunicación: los trenes.
En el siglo XX hubo más libros que nunca. Se escribió sobre todo los temas y su circulación se propagó por múltiples caminos. Al haber una sobrepoblación mundial, también la hubo en ejemplares. En la última década apareció algo que podía ser la solución: el libro electrónico. Este no viajaba en carreta, en barco o en tren, sino en el mundo digital.
En lo que va del siglo XXI, el libro ha abarcado todos los formatos: el tradicional impreso, el aún novedoso electrónico, pero también el audiolibro. Aparte de estos tres formatos que continuamente están publicando novedades, estamos conviviendo con millones de libros antiguos. Nuestra convivencia es tan vasta y existe tanto amor por los libros, que las bibliotecas públicas no dan abasto con tantos ejemplares que reciben.
En este año que comienza, deseo que nos encontremos en nuestro camino con los libros que deseamos, los que merecemos y los que aún no sabemos que necesitamos. El mejor libro que podemos descubrir es aquel que, al abrirlo, nos descubre a nosotros mismos. Cuando coincidimos con un libro, no somos nosotros quienes lo encontramos, sino quienes nos atravesamos en su camino.