Cuéntanos tu historia personal de lectura ¿algún libro fundacional que te haya dejado pasmado, maravillado, enganchado?
El inicio de mi faceta como lector en gran medida tengo que agradecérselo a mi madre. Mi madre lavaba ajeno, con las monedas que juntaba producto de su trabajo iba a la revistería del mercado, compraba el Libro Semanal, Rarotonga, otras revistas.
No había televisión en la casa, por fortuna y yo veía a mi madre siempre leyendo alumbrada con la luz de una lámpara de petróleo, en aquellos tiempos vivimos en una invasión en casas de cartón.
¿Qué es para ti el derecho a imaginar?
¿Cuál es tu mayor placer como narrador de historias?
¿Qué significa promover la escritura literaria con personas privadas de la libertad y jóvenes en conflicto con la ley?
Siento la obligación, el compromiso de ir a compartir, de decirles que existe la palabra como herramienta para desarrollar la vida de una mejor manera. Desde entonces he creído y seguido en eso.
.Háblame de la influencia de los poetas Abigael Bohórquez y Alonso Vidal
Recuerdo una entrevista que me dio Abigael Bohórquez, donde dijo una frase maravillosa: sin Alonso Vidal el periodismo cultural en Sonora estaría tuerto.
Estos dos personajes, obviamente han incidido como ilustradores en mi carrera, en lo que estado haciendo en el periodismo cultural o la literatura y hay mucho que agradecerles a ambos.
¿Qué experiencias y aprendizajes te ha dejado tu labor como periodista cultural?
¿Cómo describirías tu periodismo cultural y qué temas te interesan?
Cuéntame de tu labor periodística en teatro
¿Te consideras un crítico teatral?
Has abierto plataformas para el periodismo cultural como Mamborock ¿cuál es tu opinión sobre el periodismo cultural actual? ¿Cuál es tu aportación desde esa trinchera?
La obra realizada por el reconocido pintor, escultor y muralista hermosillense fue donada como un homenaje visual a la lucha del pueblo yaqui por la dignidad y la justicia
El módulo dos del programa de capacitación ofrece herramientas para diseñar, gestionar y compartir el patrimonio cultural de manera creativa y sostenible
Nacido en Santander, dejó un legado artístico entre España, México y Estados Unidos a través de su pintura que capturaba lo esencial más allá de la apariencia
El escritor y periodista cultural Carlos Sánchez / Foto: Cortesía | Carlos Sánchez
En una charla gozosa, el escritor Carlos Sánchez nos cuenta el origen de su gusto por la lectura, de su andar por las letras entre celdas, del derecho a la imaginación y el papel del Arte en las sociedades modernas. También de la impronta que dejaron en su vida los poetas Abigael Bohórquez y Alonso Vidal y de lo que significa ejercer el periodismo cultural en Sonora.
Una vez me regaló la revista de Archie y la leí completa; mi madre se emocionó mucho: -¿ya la leíste?, me preguntó –sí, ya la leí toda. Creo que ahí se funda ese gusto por la lectura y también ese gusto viene de escuchar las historias de mi barrio. A mi casa llegaban los ladrones a repartirse el botín, era mi época de adolescente ¡y contaban unas historias: de delincuentes; cómo vivían en las cárceles, de cómo era un robo y todas esas cosas las imaginaba y me emocionaban mucho! La oralidad hace que la mente se abra al deseo de consumir historias. ¿Libros que me han marcado?, puedo decir que La última escala de Tramp Steamer, de Álvaro Mutis, El hombre de traje gris, de Sloan Wilson; Poesida, de Abigael Bohórquez; Ciudad Nocturna, de Luis Enrique García; aquel cuento maravilloso El árbol, de María Luisa Bombal. Creo que cuando leí a José Revueltas antes que a Juan Rulfo, tuve el deseo de permanecer en la lectura.
"Antes de nacer lo sabemos todo y con el paso de la vida lo vamos olvidando", Carlos Sánchez / Foto: Cortesía | Carlos Sánchez
Para mí es un derecho tácito. Nacemos con el ejercicio de la imaginación, indagando. Quizá si existe la memoria prenatal. Puedo concluir que antes de nacer lo sabemos todo y con el paso de la vida lo vamos olvidando. Sería como un camino inverso, por la inteligencia del ser humano; de cómo se adapta, como resiste, como obedece a esos latidos del corazón y a la intuición.
El derecho a imaginar es una maravilla y no creo que haya una manera de interrumpirlo, de cercarlo. Recuerdo a los esclavos, como en su creatividad mientras trabajaban, cantaban, por esta resistencia, por esta posibilidad. Pienso mucho en los presos que tienen una astucia ¡hijuela!, viene la imagen de un preso que ató una cobija en las puntas de unas rejas para hacer un columpio. Cuando le pregunté ¿qué estás haciendo ahí? -pues puse este columpio porque me gusta mucho mirar las nubes. Imagínate que poesía. Eso es a partir de su imaginación, de su creatividad.
Lo que más disfruto es hablar de las pulsaciones de la sociedad, trasladar esos personajes aparentemente intrascendentes hacia las páginas de un libro, contar lo que le acontece, desentrañar su cotidianidad, tomar su voz y contar la importancia de lo que vive, eso es lo que más disfruto, que yo pueda ser un puente entre esas vidas que están latiendo, desde las penurias, desde los paupérrimos o desde los exitosos, desde quienes nos proponen esa catarsis a través del arte, y ser ese puente, entre ellos y el posible lector, o el posible escucha si se trata de hacer radio.
Contar una historia es siempre un privilegio porque siempre estaré pensando en un lector receptivo, que le interesa conocer lo que subyace en estos mundos en los que habitamos. Puedo decir que pienso en un lector que no conoce la calle, su entramado; la delincuencia, los dolores. Puedo pensar que hay un lector que no conoce la sensación previa a una tercera llamada de un teatro a ese instante donde todas las luces se apagan. Puedo pensar en un lector que se pregunta qué pasa en el escenario; ese es el mayor placer por narrar historias.
Contar una historia es siempre un privilegio porque siempre estaré pensando en un lector receptivo, que le interesa conocer / Foto: Cortesía | Carlos Sánchez
Como gestor intercultural que trabaja con públicos específicos y asiste al interior de las cárceles y que también me ha tocado el privilegio de ir a universidades y preparatorias acá en la libre, parto de una premisa fundamental: yo soy autodidacta y me hice en las calles.
Cuando supe que podía escribir y podía leerse, yo me dije tengo que ir a la cárcel a contarles a mis amigos que estaban presos que existe la literatura. Tengo que decirles que esto puede ser una vida también linda, un camino distinto pues desde el barrio es una constante la delincuencia, el consumo de drogas. Y me dije: tengo que ir y por suerte en 1995, Abigael Bohórquez me invitó a un centro intermedio donde deba un taller, en ese inter murió y yo me quedé en su lugar con los morros y ya no he parado.
Siento que el Arte debe tener un compromiso vital, toral, determinante. Debe servir para formar sociedades, para formarnos a nosotros mismos. Quienes estamos en esto, como en un acto de reflexión, deberíamos pensar en los otros y decir: ¿cómo me funciona a mi y yo deseo que les funcione a ellos también, a la sociedad en general, presos o no?
Mi nombre está relacionado con la cárcel, sigo yendo a las cárceles y a las universidades. Ahora estoy trabajando en Creson, donde me toca un espacio muy lindo; ir a las escuelas normales y UPN, trabajar con el personal, dando talleres, publicando libros, gestionando plaquettes, realizando presentaciones de libros.
Yo creo que mi trabajo es un privilegio porque desde la palabra se van tocando vidas a través de las historias de muchísimos autores que yo he ido proponiendo. También esos talleres han servido como las sesiones de terapia para indagarnos el interior y poner sobre la mesa las penas y las alegrías. Auscultarnos a manera de una radiografía y concluir en que atinamos y en que erramos.
El artista, que no me jacto de serlo, pero quienes estamos en esto, sería muy lindo compartir lo que nos enriquece y a mí la literatura y el periodismo cultural me han ofertado un mundo totalmente distinto al de mi origen y lo celebro. Quiero ser una mejor persona, tener un mejor mundo para mis hijos, tener un mayor lenguaje para comunicarme con la gente que amo. Es lo que me hace sentir la posibilidad de compartir la lectura y la literatura en esos espacios
Para hablar de Abigael y Alonso es necesario quitarse el sombrero y agradecerles todo este camino que labraron. Alonso en el periodismo cultural, con la creación de suplementos, con la apertura de espacios para que la raza tuviera donde decir el pensamiento, las obsesiones, su creatividad, con las lecturas de La Lechuza.
Abigael es un paso por la vida, una enseñanza: desde su poesía, en su dramaturgia, en prosa, en ensayo, en el periodismo cultural y sobre todo en su manera de asumirse y comprometerse consigo mismo. Fue fiel a sí mismo a su vocación de poeta, ese es un legado para mí, es decir, con sus acciones me mostró el camino, no sé si lo he emulado o no, pero he tratado de hacerlo, de nunca traicionarse uno a sí mismo, de perseguir lo que se ama, de ejercer la vocación, de aspirar a la constancia y a la disciplina, no como un rigor militar sino a la disciplina por una pasión, por un deseo, por una convicción.
Para mí es una formación educativa. El aprendizaje es esa capacidad que tiene el ser humano para la creatividad al convertirme yo en espectador, el aprendizaje es la admiración, el respeto para quienes proponen Arte y puedo abrir un abanico muy extenso; desde la Orquesta Filarmónica, hasta la Compañìa de Danza Contemporánea que me ha tocado apreciar sus propuestas coreográficas, las Compañìas de Teatro, los artistas plásticos visuales, los músicos. Me he formado como ser humano a partir del Arte, como espectador. Entonces, ejercer el periodismo cultural me ha dado la posibilidad de este reconocimiento para estos seres inquietos que van regalando su creatividad en lo que hacen.
Mi ejercicio en el periodismo cultural es constante porque la vocación me ha abrazado desde que supe que podía escribir y necesitaba expresarme. Los temas que me interesan son en general: ponerme en los zapatos del otro, la felicidad y la tristeza del otro, por qué un trovador compone o no tal rola, por qué a un coreógrafo le obsesiona tal o cual tema, en que momento del día un pintor, una pintora ejerce con mayor vehemencia su oficio, que tanto incide la luz del día o qué tanto puede proponer la noche para que artista cree. Esos son los temas que me interesan, el ser humano, sus latidos, su capacidad de darse.
El quehacer teatral me ha tocado la vida. Nunca voy a dejarme de asumirme como espectador antes que como periodista, porque el periodista sin el espectador no existiría. El teatro me ha llenado de felicidad, me ha revelado, me ha hecho confrontarme conmigo mismo, me ha hecho admirar la capacidad del ser humano para ponerse en los zapatos del otro, me ha hecho mirar el compromiso tanto del dramaturgo, como del director, el actor y todo lo que compone el ejercicio del teatro. Me ha nutrido mucho, soy un privilegiado de ejercer el periodismo cultural y de esa faceta del teatro más, yo hubiera querido ser actor, por fortuna soy espectador.
No me considero un crítico teatral, me considero un reseñista, pero dentro de la reseña, también hay, digamos, apuntes de crítica, quizá sí me concibo como un aprendiz de crítico y siempre estaré en el aprendizaje. No sé si logre un perfil consumado como tal pero sí quiero estar como espectador y periodista cultural y escribir. Mi ejercicio como periodista cultural también ha sido a partir de una vergüenza por el vacío que constantemente se genera en los medios de comunicación. Cuando yo veo una obra trascendental que me deslumbra no puedo evitar salir corriendo a mi casa para encender la computadora y escribir como un acto de agradecimiento y también pensando que sí es una tristeza que ese acontecimiento, esa propuesta escénica no tenga una resonancia o un texto en la memoria, por eso asumo el compromiso y por eso de facto me voy a escribir sobre esa propuesta que me maravilla.
Me parece que en el periodismo actual se sigue ejerciendo desde la minoría, es decir, son pocos los periodistas que se interesan por destacarlo, sin embargo, existen, hay plataformas, se hace desde la radio, desde la televisión, en páginas web, desde la autogestión, desde la iniciativa, desde la institución también. Hay mucha iniciativa desde un ghetto, de un círculo de periodistas ya muy identificados, a los cuales agradezco mucho su constancia. En Sonora, el periodismo cultural, por fortuna, permanece.
Seguimos con las páginas de Mamborock periodismo y literatura, ha sido muy azaroso, muy libre, sin dogma, sin una rigidez, es con mucha apertura, tenemos gracias a la tecnología esa plataforma donde podemos decir; ya sea reseñar, cubrir, entrevistar, dar una opinión sobre lo que acontece en materia de Arte o cualquier otra expresión. ¿Cuál es mi aportación desde esa trinchera?, la permanencia, la constancia de estar ahí, el preocuparme, mortificarme porque otros también digan y hacer camino. A mi me interesa la formación de la bandita, darle esa apertura a un medio y quizá en una conversación darle las herramientas para que se enamoren del periodismo y quieran ejercerlo.