Análisisjueves, 21 de julio de 2022
A revisión el alcance del T-MEC
A revisión el alcance del T-MEC
Pedro Luis Noble
En días recientes se han dado a conocer diversos posicionamientos oficiales surgidos desde el Gobierno de los Estados Unidos, de la administración federal de Canadá, así como de la propia Presidencia de la República de México, en torno al actual estatus en la ejecución e implementación del T-MEC, (Tratado de Libre Comercio para México, Estados Unidos y Canadá), USMCA, en sus siglas en ingles.
Como eje central de este considerado “corte de caja” entre gobiernos al respecto de la actualización al T-MEC, se desprenden las políticas públicas en materia energética que se han venido redefiniendo por el gobierno federal de México, atendiendo una visión de salvaguarda y defensa de la soberanía nacional; mismas que han sido objeto de señalamientos por parte de las contrapartes de este tratado, a la luz de los análisis extranjeros que se han ventilado y que van ligados a los alcances buscados en el recientemente discutido, proyecto de reforma eléctrica en el Congreso de la Unión.
Han surgido así, los nombres visibles de Katherine Tai, representante comercial del gobierno estadounidense para el T-MEC y de May Ng, ministra de Comercio Internacional de Canadá, como aquellas agentes públicas que buscan dialogar con sus contrapartes mexicanas de la materia energética, representadas por la titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle o la también Secretaria de Economía, Tatiana Clouthier.
Existen otros perfiles por las tres naciones en las rondas de conversatorios, como lo son el Embajador de los Estados Unidos en México, Ken Salazar, John Kerry, ex secretario de Estado del gobierno americano y hoy en día enviado especial para el clima de los Estados Unidos o la Secretaria de Energía del gobierno del presidente Joe Biden, Jenifer Granholm, la viceprimer ministra de Canadá, ChrystiaFreeland y el canciller mexicano Marcelo Ebrard, entre otros.
Hacia adelante, se prevé que el gobierno mexicano sostenga reuniones tanto individuales como conjuntas con las comisiones de Estados Unidos y Canadá, en aras de consolidar un esquema integral de coordinación trilateral que posibilite la continuación del T-MEC en los términos originalmente convenidos y que tienen un plazo de uso de 16 años, quedando aún 12 más para su empleabilidad.
En este contexto se deberá situar el entendimiento y la convicción legítima entre las naciones partes del Tratado para encontrar un “justo medio” que siga alimentando la competitividad de la región de América del Norte y de sus pueblos, sin comprometer de ninguna manera el nacionalismo, la seguridad y la independencia de cada territorio.
Hoy por lo pronto, desde la Casa Blanca, en Washington, así como desde el Rideau Hall, en Ottawa, aguardan la comunicación que surja desde el Palacio Nacional en la Ciudad de México, para confluir hacia una suma de esfuerzos tripartitos que den causa a las proyecciones comerciales y de negocio que cada nación pretende en el marco jurídico de lo suscrito en el T-MEC pero igualmente abiertos a flexibilizar este instrumento de entendimiento en todo aquello que requiera observancia y respeto irrestricto a la soberanía de estos tres países ubicados en el hemisferio norte de nuestro continente.