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Nadie podría afirmar que la operación militar que dio como resultado el abatimiento de Nemesio Oceguera Cervantes “El Mencho” no fue exitosa. Se trata de uno de los criminales más buscados del mundo, cuya célula delictiva se extendió por casi todo el territorio nacional.
Si bien se trata del golpe más fuerte en contra del CJNG desde su creación, resulta imposible ignorar la ola de violencia que se ha desatado en el país tras este hecho, lo que evidencia el fracaso de la estrategia de seguridad implementada por el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, bajo el lema de “abrazos, no balazos”.
La teoría detrás de dicha estrategia apostó por reducir la violencia mediante la contención de enfrentamientos directos con el crimen. Sin embargo, los hechos recientes demuestran que la ausencia de un control real y efectivo del territorio mexicano ha permitido que grupos criminales tengan mayor presencia en estados otrora tranquilos y que respondan con furia y sangre ante la eliminación de sus cabecillas.
Estados como Jalisco, Nayarit, Colima y Michoacán se han convertido en escenario de enfrentamientos armados, bloqueos carreteros, asesinatos y desapariciones, afectando gravemente a la población civil. La incapacidad de las autoridades para prevenir y controlar estos brotes de violencia exhibe la vulnerabilidad de las instituciones y deja claro que la estrategia actual no está logrando sus objetivos de pacificación ni garantiza la seguridad de los ciudadanos.
Si bien la eliminación de líderes criminales es un paso necesario, no puede ser el único. Una política de seguridad integral debe incluir el fortalecimiento de las policías estatales y municipales, el control territorial y el desmantelamiento de las redes financieras y logísticas de los cárteles. Sin esto, cada golpe al crimen organizado corre el riesgo de ser respondido con más violencia, perpetuando así un ciclo que parece no tener fin.
Morena se negó, desde 2018 a implementar una estrategia integral y frontal contra el crimen organizado, lo que ha recrudecido la violencia en el país sin que las fuerzas federales logren contenerlo. Incluso el gobierno de Estados Unidos ha señalado la colusión de altos funcionarios morenistas con el narcotráfico y la falta de efectividad de la política de seguridad.
México vive tiempos inéditos donde el Estado de Derecho debe prevalecer ante el crimen. Lo vivido en estados como Jalisco, Michoacán, Colima, Nayarit y otros estados es síntoma de un Estado Fallido, que no ha sido capaz de hacer valer la ley para instaurar la paz que tanto anhela el pueblo mexicano, donde la noticia no sea la violencia, sino el progreso y la seguridad de todos los mexicanos.