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Análisismartes, 17 de marzo de 2026

El Ágora | Plan B por la democracia.

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México redefine su democracia con un Plan B impulsado por la Presidenta Claudia Sheinbaum y Morena, centrado en la austeridad local tras el rechazo la reforma constitucional por parte de la cupulas partidistas. 

La política electoral en México ha entrado en una fase de utilidad técnica y austeridad forzada tras el rechazo de todos los partidos políticos, con excepción de Morena, a renunciar a los grandes presupuestos.

Tras el naufragio de la propuesta de reforma constitucional de la Presidenta Claudia Sheinbaum el pasado 11 de marzo de 2026, donde la falta de apoyo de sus aliados del PVEM y el PT impidió alcanzar la mayoría calificada, el Ejecutivo ha activado una ruta alternativa. 

Este camino no es desconocido; emula la estrategia del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en 2023 también recurrió a un “Plan B” de leyes secundarias tras el bloqueo de su propuesta original en materia electoral. 

Topes presupuestales a Congresos Locales 

El corazón de la reforma busca imponer techos financieros a las 32 legislaturas estatales del país. La justificación presidencial se basa en la enorme disparidad de costos, mientras un diputado en Colima cuesta 5.1 millones de pesos, uno en Baja California asciende a 34.8 millones, ambos congresos cuentan con 25 diputados respectivamente.

El objetivo es ahorrar cerca de 4,000 millones de pesos anuales, recursos que, según la propuesta, no irán a la federación, sino que se quedarán en los Estados para financiar servicios básicos como bacheo y luminarias. 

Reducción de regidurías municipales 

Consultas en materia electoral 

Tope salarial y austeridad interna 

En última instancia, el Plan B es un testimonio de la firmeza y el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Al no ceder ante las presiones de las cúpulas y buscar los mecanismos legales para cumplir sus compromisos, la mandataria reafirma que su gobierno solo obedece al mandato del pueblo. 

Con este paso, Sheinbaum demuestra que, en el segundo piso de la transformación, la voluntad ciudadana y el uso honesto de los recursos públicos son innegociables, sentando las bases de una democracia más justa, austera y verdaderamente representativa.

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