Sarampión: una enfermedad que no debió volver
La pregunta obligada es: ¿qué se está haciendo ahora?
Lo que hoy intenta hacer el gobierno es contener el daño: vacunar a la mayor cantidad de personas posible, lo más rápido posible. Es una estrategia indispensable, pero llega cuando el problema ya está encima.
Y ahí está lo más preocupante: estamos enfrentando el sarampión cuando ya hay brotes sostenidos, cuando ya hay niñas y niños enfermos y cuando ya hay muertes. La prevención llegó tarde. La vacuna no falló; falló la política pública.
El sarampión no es solo un problema sanitario. Es un síntoma de algo más profundo: la fragilidad de nuestras estrategias de prevención y la peligrosa idea de que la salud pública puede improvisarse. No puede.
Porque cuando se deja de vacunar, las enfermedades no desaparecen: regresan. Y siempre regresan cobrando la factura más alta entre los más vulnerables.

















