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Análisismiércoles, 11 de febrero de 2026

Sarampión: una enfermedad que no debió volver

La pregunta obligada es: ¿qué se está haciendo ahora?

Lo que hoy intenta hacer el gobierno es contener el daño: vacunar a la mayor cantidad de personas posible, lo más rápido posible. Es una estrategia indispensable, pero llega cuando el problema ya está encima.

Y ahí está lo más preocupante: estamos enfrentando el sarampión cuando ya hay brotes sostenidos, cuando ya hay niñas y niños enfermos y cuando ya hay muertes. La prevención llegó tarde. La vacuna no falló; falló la política pública.

El sarampión no es solo un problema sanitario. Es un síntoma de algo más profundo: la fragilidad de nuestras estrategias de prevención y la peligrosa idea de que la salud pública puede improvisarse. No puede.

Porque cuando se deja de vacunar, las enfermedades no desaparecen: regresan. Y siempre regresan cobrando la factura más alta entre los más vulnerables.

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