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Análisisjueves, 10 de julio de 2025

El dolor de Ana Beatriz

Ana Beatriz tenía 36 años. El 26 de junio fue asesinada en Mazatlán.

Su cuerpo fue hallado dentro de un vehículo que chocó contra una grúa en la carretera libre Mazatlán-Culiacán, a la altura de El Habal. La versión inicial apuntaba a un accidente. La necropsia lo desmintió.

La historia no comenzó ese día. Según familiares y personas cercanas a la víctima, ya existían antecedentes: amenazas, agresiones verbales, control férreo. Un patrón de violencia que no se detuvo a tiempo. Ella vivía con miedo. Él, con impunidad.

El 3 de julio, Víctor fue detenido en el hospital donde estaba internado. Una semana después, fue vinculado a proceso por feminicidio.

El juez ordenó prisión preventiva y seis meses de plazo para la investigación complementaria. Los elementos son claros: la relación previa, la violencia constante, la brutalidad del ataque y el intento de encubrimiento.

Los feminicidios no son hechos aislados. Son la consecuencia de una violencia tolerada, privada, cotidiana. El de Ana Beatriz, como muchos otros, deja una huella clara: el agresor actuó con ventaja, sin freno, sin consecuencias previas.

No hay explicación que alcance. No hay circunstancia que justifique. Lo que hizo Víctor “N” fue asesinar. Después quiso fingir. Y todo lo anterior, los gritos, las amenazas, los silencios, también forman parte del crimen.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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