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El turismo se desinfla y está peor que la economía. No es un asunto menor para un sector que suele crecer por arriba del promedio nacional. Peor aún: su motor más valioso, el gasto de los visitantes extranjeros, se está contrayendo justo cuando la economía más lo necesita.
De acuerdo con la información más reciente del INEGI, en los primeros nueve meses de 2025 el PIB turístico creció apenas 0.08% frente al mismo periodo de 2024. Es un ritmo prácticamente nulo y claramente inferior al de la economía en su conjunto, que avanzó 0.4% en ese mismo lapso. Y eso ya es decir mucho, porque 2025 fue el peor año de crecimiento para México desde la pandemia.
La comparación subraya el problema. En los primeros nueve meses de 2023, el PIB turístico crecía 2.9%; en 2024, 2.6%. En cambio, en 2025 el avance es virtualmente inexistente. Con la información disponible, es claro: el turismo se estancó tras haber crecido alrededor de 2.5% el año previo, prácticamente el doble de lo que avanzó la economía.
Los datos trimestrales cuentan una historia de enfriamiento progresivo. En 2023, el turismo todavía mostraba un cierre de año vigoroso y una narrativa de recuperación consolidada. En 2024, ese impulso se moderó: el sector siguió creciendo, pero ya sin la exuberancia del rebote pospandemia y más alineado con el bajo dinamismo del PIB nacional. La lectura era clara: el turismo dejaba de correr y empezaba a caminar.
Pero en 2025, la caminata se convirtió en parálisis. El Indicador Trimestral del PIB Turístico cayó -0.7% en el primer trimestre, -0.4% en el segundo y apenas creció 0.4% en el tercero. En lugar de empujar a la economía, el sector terminó por restarle tracción.
El problema no está solo en la cifra agregada, sino en su composición. El turismo vive de dos grandes bolsillos: el del viajero nacional y el del visitante extranjero. Este último -el consumo turístico receptivo- es el que trae divisas y derrama a través de gastos en hospedaje, alimentos, transporte y actividades recreativas. Y es precisamente ese componente el que empezó a fallar, y en serio, en 2025.
Si bien en el primer trimestre el consumo receptivo aún mostró un avance de 1.8% trimestral, en el segundo y tercer trimestres se desplomó -5.7% y -6.8%, respectivamente, en cifras desestacionalizadas. Un giro fatal para el resultado del año: el componente más dinámico y estratégico del turismo mexicano retrocede justo cuando la economía necesita motores que empujen, no sectores que frenen.
La lectura es preocupante. Entre 2023 y 2024, el turismo pasó de la euforia del rebote a una normalización tibia. En los primeros nueve meses de 2025, esa normalización derivó en estancamiento, muy por debajo de lo que se esperaría de un sector que históricamente ha sido refugio en ciclos de debilidad económica. Y, peor aún, el consumo receptivo -el termómetro de la demanda internacional- apunta a empeorar.
El turismo no es solo una estadística: es empleo en hoteles y restaurantes, es transporte, es comercio local, es inversión en destinos que viven casi exclusivamente de esa derrama. Cuando el gasto del visitante extranjero se frena, el golpe no se queda en las cuentas nacionales: se siente en economías regionales enteras.
La tendencia es clara: el turismo dejó de crecer, empuja menos y depende cada vez más de un mercado interno que no compensa la pérdida de dinamismo del turismo internacional. Las preguntas quedan en el aire para los responsables: ¿falta de estrategia y liderazgo, y/o la suma de los viejos lastres -inseguridad pública e improvisación en las políticas- las que están pasando la factura?