El observador / ¿Y la inversión privada y los empleos?
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEl Paquete Económico 2026 llegó destilando optimismo. Hacienda prevé un crecimiento económico de 2.3%, sustentado en que las familias consumirán más y en la buena vecindad de Trump. Aunque la realidad, aún contradice esa narrativa.
En 2026, “se espera que los hogares retomen niveles de gasto más dinámicos”, se lee en la principal apuesta para el crecimiento económico que esgrime el documento Criterios Generales de Polítca Económica presentado al Congreso. Los factores detrás del presagio hacendario son: incremento de los salarios reales, expansión de la protección social y generación de empleos.
Pues bien. En agosto, la creación de empleo formal cayó un 62.5% anual, hasta solo 21,750 plazas, el nivel más bajo en dos décadas. Y en los primeros ocho meses del año apenas se acumularon 216,538 nuevos empleos, incluyendo el programa piloto de trabajadores de plataformas digitales, un desplome del 40.7% frente a 2024, la cifra más débil desde 2009. Para 2026, los economistas encuestados por el Banco de México prevén que se generen 350 mil nuevos empleos, manteniendo el deterioro anual después de la pandemia.
La raíz del problema está en la inversión. Según el INEGI, la inversión acumuló en el primer semestre una caída de 6.9% anual. Solo en junio retrocedió 6.4%, con desplomes de 8.4% en maquinaria y equipo, y de 5.4% en construcción. En abril, la contracción fue aún mayor: 12.5%. Esta tendencia erosiona la capacidad productiva y explica el estancamiento del empleo formal.
Los Criterios… sostienen que el crecimiento se apoyará en una demanda interna robusta, nutrida por mayor inversión pública y privada, y en el consumo privado. Sin embargo, más allá del consumo, no queda claro en la argumentación del documento cómo se revertirá la caída de la inversión privada en un entorno donde el Estado de derecho está vapuleado, como lo dicen las encuestas del Banxico. La inseguridad, la incertidumbre regulatoria y los conflictos legales han minado la confianza, y sin confianza no habrá repunte sostenido de la inversión productiva.
En este escenario, el Paquete Económico dedica poco espacio a delinear cómo reactivar el capital privado. El gasto público puede amortiguar la desaceleración, pero no sustituir la magnitud de la inversión empresarial requerida. El nearshoring, que podría ser motor estructural, enfrenta cuellos de botella en energía, infraestructura y certidumbre legal.
Los ingresos de 2026 descansan en gran medida en más aranceles y una reforma aduanera que promete recursos adicionales. Este giro proteccionista puede dar réditos fiscales de corto plazo, pero no garantiza un entorno atractivo para la inversión ni para el comercio exterior.
La paradoja es clara: Hacienda proyecta un consumo fuerte como motor del crecimiento, pero los fundamentos que lo sostienen -inversión, empleo formal y productividad- se debilitan. Si en 2026 México logra acercarse al 1.8%, la base del rango de la meta oficial, será más por inercia y gasto social que por un fortalecimiento real de su capacidad productiva. Esa ruta es frágil: sin empleos formales, sin inversión y con baja productividad, el país corre el riesgo de seguir atrapado en un crecimiento mediocre. De hecho, los estimados de 2.0% para el resto del sexenio, así lo sugieren.
El verdadero desafío no es cumplir con la meta oficial, sino recuperar la confianza de los inversionistas, revertir la caída en la inversión y consolidar el empleo formal como palanca de productividad. Si el Paquete Económico no ofrece un plan creíble para esos motores, los buenos deseos quedarán en el papel.