Se trata de tener autonomía y poder decidir, eso es paz
Por: Tania Hundorf
No es coincidencia que las mujeres en Irán están luchando por su derecho a no usar el hijab, mientras que las mujeres en la India están luchando por su derecho a usar uno.
Ambas luchan por lo mismo: su derecho a elegir.
El pasado 16 de septiembre, Masha Amini, una joven kurda de 22 años fue violentamente detenida por “la policía de la moral” en Teherán. El motivo de su detención fue el incumplimiento de las leyes estatales sobre el uso correcto del hiyab. Tres días después de ser detenida, falleció en el hospital.
A partir de esto, se desataron numerosas protestas en todo Irán lideradas por mujeres. Buscando la libertad moral y religiosa en la sociedad, salieron a las calles coreando el nombre de Masha, quitándose, quemando sus velos y cortándose el pelo.
El efecto que han tenido estos levantamientos sociales nos permite afirmar que la sociedad iraní está cambiando, ha habido un despertar. El hecho de que hombres formen parte de las protestas y apoyen a las mujeres representa un movimiento progresista de la sociedad.
Estamos ante un movimiento liderado por jóvenes mujeres que ha logrado captar la atención y apoyo de distintos sectores de la población y la comunidad internacional. Lo más valioso es que la quema simbólica del hiyab ha logrado irrumpir la imagen de un régimen que parecía inquebrantable.
La imposición del hiyab, no es otra cosa más que una violación hacia la autonomía de las mujeres y sus cuerpos.
A pesar de que estos movimientos se originaron en Irán, esta imposición no es exclusiva de dicho país. La lucha de las mujeres contra el hiyab obligatorio o la prohibición de su uso en distintas partes del mundo, evidencia una represión interseccional que atenta contra la construcción de paz.
El discurso en torno al hiyab y las condiciones que perpetúan su uso obligatorio debe ser analizado a la luz de los derechos humanos y la libertad, no bajo un discurso religioso, ni cultural, de lo local frente a lo occidental.
















