Un libro que conmovió a Venezuela
Cuando llegó a la sala de conferencia del octavo piso del edificio Central del Poder Popular para Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas (Minppibes), estaba vacía, en un principio el pánico me invadió, luego arribó la calma y más tarde el desconcierto.
Las edecanes acomodaron mis libros y se formaron para tomarse la foto conmigo, pusieron la bandera de Venezuela como fondo, una de ellas se dirigió a mí. “Profesor, déjeme tomarme la foto con usted, por favor, fírmeme su libro, es un honor que esté en Venezuela”.
Momentos después llegó el constituyente Pedro Arias, antes de empezáramos la conferencia se cantó el himno nacional, se lanzaron vivas a Venezuela, a Chávez y a Nicolás Maduro.
Rosa Blanco fue la moderadora de la conferencia, y de manera espontánea comentó cómo se convocó este evento de formas express.
Aplausos.
Entonces el constituyente Pedro invitó a la constituyente Gregoria Laya para que participara, ella comento sobre la necesidad de que los ciudadanos participen en el proceso de la Constituyente con ideas y propuestas.
“Gracias por devolvernos parte de los manuscritos de Hugo Chávez, muchos se perdieron, ya que fuimos perseguidos”.
24 años después, volví a la ciudad donde estuve a punto de morir en nueve ocasiones, lo que dije por más de cuarenta minutos conmocionó a los presentes.
“La amenaza del imperio sobre la nación nos obliga a no tener dudas, todos debemos jurar lealtad ante la patria, yo solo soy el último hijo de Bolívar y el primer soldado de Venezuela”.
La gente se levantó y fue a buscar el abrazo de un mexicano que a lo largo del tiempo le demostró amor y nobleza a su país.
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