Cada robot es el resultado de una compleja cadena de producción que involucra minería intensiva, consumo energético elevado y procesos industriales que dejan una huella ambiental significativa
“Precisamente los erizos se ven especialmente amenazados por los robots cortacésped, porque ante el peligro instintivamente se hacen una bola en lugar de huir”, enfatizó.
La Unión de Municipios Alemanes agrupa 3.200 localidades germanas con una población de 54 millones de personas, de acuerdo con sus propias informaciones.
“Precisamente los erizos se ven especialmente amenazados por los robots cortacésped, porque ante el peligro instintivamente se hacen una bola en lugar de huir”, enfatizó.
La Unión de Municipios Alemanes agrupa 3.200 localidades germanas con una población de 54 millones de personas, de acuerdo con sus propias informaciones.
La innovación da lugar a un material que reproduce la resistencia y la estructura del cuero tradicional, pero con menor impacto ambiental y sin uso de animales
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El uso constante de robots incrementa la demanda energética y su rápida obsolescencia contribuye a la crisis de residuos electrónicos. / Foto: EFE
La Unión de Municipios Alemanes ha pedido la prohibición deluso de robots cortacésped en horario nocturno para proteger a los erizos y a otros pequeños animales, al tiempo que ha solicitado a los fabricantes que encuentren soluciones para limitar el riesgo que suponen los citados dispositivos para estas especies.
La vicepresidenta de la organización, Claudia Kalisch, señaló de acuerdo con un comunicado publicado este martes que, ante la pérdida de los hábitats naturales, muchos animales han debido adaptarse a la vida en las zonas verdes y los jardines en el ámbito urbano.
En esta situación, una “protección consecuente” sería prohibir a nivel federal el uso nocturno de estas máquinas, indicó Kalisch, que apeló también a los ciudadanos a programar sus robots para que no corten la hierba por la noche.
“Es una pieza del puzle importante para proteger a los animales y enriquecer la calidad de vida en las ciudades a través de la biodiversidad”, dijo la alcaldesa de Lüneburg (norte), según habían informado inicialmente los medios del grupo Funke.
También la organización ecologista alemanaNABU advierte en su página web de que los robots cortacésped no cuentan con mecanismos de seguridad apropiados y de que sus cuchillas pueden herir o matar a animales como erizos, sapos, lagartijas, eslizones, saltamontes o arañas.
Detrás de la automatización, materiales como litio y cobalto revelan el costo ecológico oculto de la robótica. / Foto: EFE
Ya en 2024 varios estudios del Instituto Leibniz para la Investigación de la Fauna Salvaje y de Zoológico vincularon las heridas sufridas por los erizos con el creciente uso de máquinas cortacésped robóticas, que han provocado un aumento en la cantidad de animales lesionados que llegan a los centros de tratamiento, lo que supone un problema de conservación ante una población en declive también por otros motivos.
El Instituto señaló que pese a las afirmaciones de muchos fabricantes, la mayoría de los modelos de robot son incapaces de reconocer como obstáculos a pequeños animales como los erizos y sencillamente les pasan por encima, aunque técnicamente sería posible mejorar estos mecanismos.
Ya entonces esta institución pidió prohibir entretanto el uso nocturno de los robots cortacésped, ya que al contrario que otros tipos de cortacésped eléctricos, por el momento está permitido utilizarlos por las noches, así como en fin de semana y en festivo, por su bajo nivel de ruido. Los erizos están considerados en Alemania como especie de especial protección y capturar, herir o matar a estos pequeños mamíferos está castigado con una multa de entre 5.000 y 50.000 euros, dependiendo del estado federado.
Aunque parecen limpios, los robots cargan con una huella ambiental significativa desde su origen industrial. / Foto: EFE
La Unión de Municipios Alemanes ha pedido la prohibición del uso de robots cortacésped en horario nocturno para proteger a los erizos y a otros pequeños animales, al tiempo que ha solicitado a los fabricantes que encuentren soluciones para limitar el riesgo que suponen los citados dispositivos para estas especies.
La vicepresidenta de la organización, Claudia Kalisch, señaló de acuerdo con un comunicado publicado este martes que, ante la pérdida de los hábitats naturales, muchos animales han debido adaptarse a la vida en las zonas verdes y los jardines en el ámbito urbano.
En esta situación, una “protección consecuente” sería prohibir a nivel federal el uso nocturno de estas máquinas, indicó Kalisch, que apeló también a los ciudadanos a programar sus robots para que no corten la hierba por la noche. “Es una pieza del puzle importante para proteger a los animales y enriquecer la calidad de vida en las ciudades a través de la biodiversidad”, dijo la alcaldesa de Lüneburg (norte), según habían informado inicialmente los medios del grupo Funke.
La automatización avanza, pero su costo ambiental se origina en la extracción de recursos y la producción tecnológica. / Foto: EFE
En la era de la automatización, los robots se han convertido en el símbolo más visible del progreso tecnológico: precisos, incansables y, en apariencia, limpios. Pero detrás de su eficiencia casi perfecta, existe una pregunta incómoda que rara vez ocupa titulares: ¿qué tan sostenible es realmente esta revolución silenciosa?
A diferencia de los motores de combustión o las industrias pesadas, los robots no emiten humo ni contaminantes a simple vista. Su operación, muchas veces eléctrica, parece alinearse con la narrativa de un futuro más verde. Sin embargo, esa percepción se diluye cuando se observa el panorama completo. Cada robot es el resultado de una compleja cadena de producción que involucra minería intensiva, consumo energético elevado y procesos industriales que dejan una huella ambiental significativa.
Los materiales que hacen posible la robótica —litio, cobalto, tierras raras— son extraídos de la tierra a un alto costo ecológico. Su procesamiento implica emisiones de carbono, uso excesivo de agua y, en muchos casos, impactos sociales en las comunidades donde se obtienen. A esto se suma la fabricación de microchips, uno de los procesos más demandantes en términos de recursos dentro de la industria tecnológica.
La fabricación de robots implica una cadena industrial con alto impacto ambiental, desde la minería hasta la producción de microchips. / Foto: EFE
Pero el impacto no termina cuando el robot comienza a operar. Aunque su consumo energético puede parecer moderado, su uso constante —especialmente en entornos industriales— se traduce en una demanda eléctrica continua que, dependiendo de su origen, puede contribuir indirectamente a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Y luego está el final del ciclo: la obsolescencia. En un mundo donde la innovación avanza a un ritmo vertiginoso, los robots no están exentos de volverse rápidamente reemplazables. Cuando esto ocurre, se suman a la creciente crisis de residuos electrónicos, una de las problemáticas ambientales más urgentes y menos visibles de nuestra época. Componentes tóxicos, reciclaje insuficiente y sistemas de gestión ineficientes agravan aún más su impacto.
Sin embargo, reducir la discusión a si los robots son “buenos” o “malos” para el medio ambiente sería simplificar en exceso un fenómeno profundamente complejo. La misma tecnología que genera preocupación también ofrece soluciones: robots que optimizan cultivos y reducen el uso de pesticidas, sistemas automatizados que mejoran los procesos de reciclaje, drones que ayudan a reforestar y monitorear ecosistemas en riesgo.