Plásticos biodegradables: El menor de los males
Los desechos que se generan de estos materiales tienen un mal manejo, tanto por parte de las empresas como de los consumidores
José Carlos Román / El Sol de México
Tan solo en México se producen ocho millones de toneladas de plásticos al año, de las cuales el 50 por ciento son de un solo uso y apenas el 6.7 por ciento se recicla, de acuerdo con datos de Greenpeace y Forbes.
La problemática ambiental de contaminación por plásticos persiste a pesar de que su uso indiscriminado haya cesado desde que algunos gobiernos han puesto en marcha legislaciones que toman en cuenta al medio ambiente.
¿Qué es un plástico biodegradable?
También conocido como bioplástico, se trata de aquel material que es capaz de desintegrarse mediante la acción del medio ambiente y los organismos biológicos que habitan en él.
Estos son elaborados con materias primas renovables como trigo, maíz o maicena, aceite de soja, papas, plátanos o yuca.
Entre los materiales más utilizados hoy en día se encuentra el ácido poliláctico; un polímero derivado de cultivos como el maíz y la caña de azúcar.
Este material es empleado mayormente en envolturas o empaques de comida, sin embargo, también se usa en la industria médica, textil e incluso la impresión 3D.
Por otra parte están los plásticos fabricados con aditivos biodegradables; estos no son producidos 100 por ciento de materias primas renovables, sin embargo, se componen de petroquímicos que propician su biodegradación.
La primera empresa mexicana en implementar este tipo de envolturas fue Bimbo, cuando en 2011 utilizó una tecnología inglesa llamada D2W.
Esta consiste en un aditivo que se incluye en su formulación durante la manufactura. Después de su vida útil comienza a fragmentar las moléculas de carbono que forman al plástico, convirtiendo el envase en alimento para microorganismos y bacterias.
Esta tecnología permite acortar el periodo de vida del plástico, teniendo como máximo entre tres y cinco años, contrario a los plásticos convencionales que pueden permanecer en la Tierra hasta 400 años.
Así termina su ciclo de biodegradación y lo que alguna vez fue un plástico regresa a la Tierra en forma de agua, biomasa y dióxido de carbono; esto en pequeñas porciones que no llegan a impactar directamente como gases de efecto invernadero.
De acuerdo con datos de la revista El Empaque + Conversión, especializada en la gestión y tecnología de empresas latinoamericanas productoras de envases, México es líder en la región, hablando de producción de bioplásticos.
Gracias a diversos proyectos que se han desarrollado en los últimos años, hoy el país está a la vanguardia de este mercado.
Uno de ellos surgió en el Departamento de Madera, Celulosa y Papel de la Universidad de Guadalajara, donde estudiantes e investigadores crearon bioplásticos a partir de la biotecnología forestal.
Dichos materiales fueron hechos a base de maíz y cartón reutilizado. Al concluir el proyecto, este bioplástico demostró ser apto para empaques o recubrimientos de alimentos secos.
Hoy en día instituciones, empresas y organizaciones sociales de 16 países están interesadas en explotar dicha patente gracias a la diversidad de usos y aplicaciones que van desde el sector automotriz y agrícola, hasta el envasado y empaquetado de alimentos.
Una de las grandes ventajas de optar por empaques biodegradables, es que nos ayudan a reducir la dependencia de los combustibles fósiles, de este modo también disminuye la cantidad de agua y energía por la producción de envases convencionales.
Empresas mexicanas de bioplásticos
Hoy en día, México cuenta con algunas empresas dedicadas a la producción de los denominados bioplásticos.
Sus productos son 100 por ciento libres de materiales como plástico, aluminio y blanqueantes químicos. Entre las materias primas que utilizan están el maíz, el bambú, la caña de azúcar, el algodón y las hojas de palmera.
Otra empresa líder en cuanto a la comercialización de empaques desechables y biodegradables es Ecosehll. Fundada hace 22 años, produce artículos como cubiertos, bolsas, contenedores y charolas.
Esta ha logrado que sus productos tengan un tiempo de biodegradación de 90 a 240 días sin dejar residuos tóxicos en el medio ambiente gracias a que los microorganismos se alimentan de estos productos, reintegrando sus componentes a la naturaleza.
De manera independiente, algunos especialistas como Raiza Pilatowsky han creado proyectos que invitan a la sociedad a formar parte de la lucha contra el cambio climático.
Planeteando es un proyecto de comunicación socioambiental que informa por medio de videos y podcasts sobre temas como los plásticos biodegradables, ciencias de la tierra, cambio climático y su relación con la sociedad.
También apoyan a otros creadores y científicos en este tipo de comunicación para que más personas se sumen a esta causa. Hoy en día hacen 16 podcasts y realizan eventos en los que instruyen a las personas para formar un mejor criterio en cuanto al cambio climático.
¿No son tan sostenibles?
A pesar de que este material sugiere una mejora para el medio ambiente, también podría llegar a tener las mismas consecuencias ambientales que los plásticos convencionales.
Por lo general, los empaques biodegradables cuentan con un distintivo que es notable en la envoltura del producto. En él se aclara que es “biodegradable bajo ciertas condiciones”, pero, ¿qué pasa si la envoltura no se encuentra bajo esas condiciones?
Al requerir condiciones específicas que en la mayoría de las ocasiones no se cumplen, los desechos que se generan por este material tienen un mal manejo tanto por parte de las empresas como de los consumidores.
Hoy en día no se ha pensado una solución para estos desechos en específico, lo que hace que su impacto ambiental sea casi igual al de los otros plásticos.
Reciclarlos tampoco es una opción, ya que los polímeros y aditivos que contienen estos materiales contaminan el proceso de reciclaje de los demás, reduciendo la calidad de los plásticos convencionales.
“Consideramos que el reciclaje no es la opción más viable para combatir la contaminación, como lo plantean algunas empresas. Una mejor opción es la reutilización de este material,
así se alarga la vida del producto sin utilizar más energía o agua de la que ya se empleó, agregó Garelli.
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Redactora web y Fotoperiodista egresada de la UNAM. Colaboré con algunas de las casas editoriales más grandes del país e instituciones del gobierno federal.


































