Espejos de vida / Celebración de cumpleaños
En una entrevista a la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, rescaté esta cita que me marcó profundamente:
“Dar cuenta de uno mismo es contar una historia del yo… pero es también contar una historia del tú.”
En primer lugar, deseo agradecer al Creador por este soplo de vida que me fue conferido desde el momento en que fui concebida en el vientre de mi madre, hasta llegar al término gestacional y abrir mis ojos al mundo el 29 de mayo de 1963.
Ese entorno familiar, cálido y seguro, se fue ampliando con el paso del tiempo. Llegó la escolarización, y con ella las amistades, los maestros, los libros, las historias... y ese poder casi mágico que nace del asombro ante cada nuevo conocimiento adquirido.
Tuve una infancia feliz, rodeada de mis seres queridos, de muchos juegos y de la certeza de que los sueños podían encontrarse atrapados en las nubes, colgando de las estrellas, de las ramas de los árboles o escondidos en algún rincón del firmamento.
Entonces, el amor llamó a las puertas de mi corazón... y llegó para quedarse. Desde 1982, su presencia ha sido un faro que ilumina mi existencia. Incluso en los momentos más oscuros, siempre he percibido la seguridad que irradia su presencia.














