¿A quién le creemos, a Morena o a Morena?
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónLa máxima con que la Cuarta Transformación condena a quienes se atreven a cuestionar al poder, es que en sexenios pasados veían los escándalos de corrupción, de enriquecimiento ilícito y hasta de vínculos con el crimen organizado y nunca hacían nada al respecto, el clásico: ¿Y tú dónde estabas cuando gobernaba el PRI / PAN? Sin embargo, en estos últimos meses hemos visto una infinidad de enfrentamientos entre las más altas esferas del morenato. ¿Y qué cree? Nadie dice nada, nadie condena nada, nadie hace nada; ni la presidenta Sheinbaum, ni su Fiscalía, ni su Poder Judicial. Será entonces que la pregunta que se plantee en el futuro sea más o menos algo como: ¿Y dónde estaba Morena cuando gobernaba Morena?
Lo anterior sale a colación tras quedar en evidencia el desgobierno y la incapacidad de la presidenta Sheinbaum, que, a diferencia de López Obrador, ha fracasado en mantener unido al movimiento. Tan solo la semana pasada se expusieron diversos enfrentamientos, por ejemplo: Julio Scherer vs. Jesús Ramírez Cuevas, Noroña vs. Julio Scherer, Layda Sansores contra su propio Congreso, Ricardo Monreal vs. Layda Sansores, Ricardo Monreal vs. Saúl Monreal, Javier Corral vs. la reforma judicial y hasta Manuel Velasco vs. la propia presidenta Sheinbaum.
Pero el principal conflicto es entre el exconsejero jurídico de López Obrador, que acusa en un libro al vocero y titular de Comunicación Social del expresidente, y actual coordinador de asesores de la presidenta Sheinbaum, Jesús Ramírez Cuevas, de ser el puente entre Presidencia y crimen organizado, siendo el operador para que Sergio Carmona, el también conocido como Rey del Huachicol, inyectara dinero a las campañas de Morena. Lo acusa también de desviar 27 mil millones de pesos del erario para dárselo a extrabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro, a cambio de ganarse la lealtad del Sindicato Mexicano de Electricistas, además de presuntamente destinar contratos y dinero al periódico Regeneración, propiedad del mismo Ramírez Cuevas.
Ante esto, Jesús Ramírez acusó a Scherer de corrupción, tráfico de influencias y hasta de extorsión; sin embargo, el pleito no quedó solo entre estos dos personajes. El libro de Scherer cruzó una línea delicada dentro del oficialismo: atacó al mismísimo López Obrador, escribiendo que el expresidente blindó y protegió a Manuel Bartlett las veces que corrió el riesgo de ir a prisión; y algo que ya todos sabíamos: AMLO fue acusado de saber sobre los diferentes conflictos de interés y escándalos de corrupción en su gobierno, y no hacer absolutamente nada al respecto.
Ahora, Julio Scherer y Jesús Ramírez Cuevas eran sin lugar a duda, las personas más cercanas a López Obrador, y se están acusando de delitos gravísimos; un escándalo si citamos al exmandatario, que decía que “todos los negocios jugosos y los actos de corrupción, tenían el visto bueno del Presidente”. La pregunta sería entonces: ¿Y qué hizo AMLO al respecto? ¿Por qué no dijo nada? Pero, quizá más importante ahora, sería preguntarnos: ¿por qué la presidenta Sheinbaum, que hace dos semanas dijo que Morena no sería paraguas para delinquir, no ha pedido que se abra una investigación? ¿Por qué ha fingido demencia ante este escándalo?
Ah, pero si vamos a hablar de escándalos, el PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano se cuecen aparte; la mediocridad con la que actúan como partidos de oposición es sencillamente patética, mire, Andrés Manuel López Obrador será muchas cosas, pero como político opositor (antes de ser presidente) era brillante explotando los escándalos del poder, pero ahora que el tablero está al revés, el papel de la oposición es, por decirlo menos, paupérrimo, siendo brutalmente incapaces de capitalizar los muy diversos escándalos de la Cuarta Transformación. El libro de Scherer desnuda los ilícitos y la impunidad con la que se maneja el oficialismo, pero ante esto ¿Qué dijo Alito Moreno? ¿Dónde está Álvarez Máynez? ¿Qué está haciendo Jorge Romero? Absolutamente nada.
Si la presidenta Sheinbaum no logra imponer orden en su propia casa, el desgaste no vendrá de la oposición, sino de la implosión. No va ni a la mitad del sexenio y el movimiento que se vendía como eterno, hoy luce fracturado en tribus que se acusan de delitos graves, mientras el arbitraje presidencial brilla por su ausencia. La cohesión fue siempre el principal activo electoral del Movimiento, por lo que perderlo es comenzar a dilapidar el poder. Y en política, los vacíos no se toleran: se llenan. Si la presidenta no contiene esta guerra intestina, las elecciones intermedias de 2027 podrían convertirse en el primer gran revés de un partido que se asumía invencible. Porque los proyectos no suelen caer por el embate externo, sino por la incapacidad interna de disciplinarse. Y cuando Morena gobierna dividido, no sólo se erosiona su narrativa moral: se abre la puerta a que el electorado les haga la misma pregunta que ellos formularon durante años —¿dónde estaban cuando gobernaban?— pero ahora sin coartadas y con boleta en mano.