elsoldepuebla
Análisisviernes, 7 de abril de 2017

“Colaboración” como sinónimo de “subordinación”*

“‘Quien manda en Puebla es Rafael Moreno Valle Rosas.’

“‘Podrá haber 217 presidentes municipales, pero encima de todos ellos, incluido el de la capital del estado, se encuentra el gobernador.’

Así de contundente fue el mensaje que ayer mandó entre líneas Moreno Valle en la parte final de la toma de protesta de Eduardo Rivera Pérez, quien se convirtió en el tercer presidente municipal de Puebla emanado de un partido político diferente al PRI.

Moreno Valle se apropió de la fiesta de Eduardo Rivera durante 20 minutos, los últimos del evento.

Habilidoso orador, diestro para comunicarse con la masa, usó ese tiempo para hablar de sí mismo y de los proyectos que ha dispuesto concretar para la transformación del estado y, por supuesto, del municipio capital.

Mucho más relajado que en su toma de protesta, la de hace dos semanas en el Centro de Exposiciones y Convenciones de la zona Los Fuertes, Moreno Valle hipnotizó a la concurrencia a través de caminatas incesantes realizadas de un extremo a otro del estrado.

‘Se está dando un proceso sin precedentes en la historia de la relación entre el municipio de Puebla y el gobierno estatal’, dijo Moreno Valle.

‘Hemos visto una y otra vez cómo hay diferencias, en ocasiones competencia, entre el gobernador y el presidente o presidenta municipal’, agregó.

Estas palabras son la clave de lo que Moreno Valle quiere del presidente municipal de Puebla.

Oficialmente lo llamó ‘coordinación’ y ‘colaboración’.

No obstante, enviado entre líneas, el mensaje deja claro que aquello que desea el gobernador, de parte del edil más importante del estado, es el desempeño de un papel de subordinación, y en el caso extremo, de sumisión.

Si no hay diferencias ni competencia, habrá coordinación y colaboración. Y si hay coordinación y colaboración, no sufrirán los ciudadanos.

Más claro, imposible.

Ayer mismo, cuando todavía no se cumplía la primera hora del ejercicio de gobierno de Eduardo Rivera Pérez, el gobernador le dio una muestra de lo que significa para él la inexistencia de ‘diferencias’ y ‘competencia’.

¿Cómo?

Asumiendo un rol protagónico en el debut, único e irrepetible, de su anfitrión.

En la toma de protesta el mandatario estatal se colocó por encima del edil capitalino.

Le robó los reflectores.

Y lo hizo con la presunta legitimidad y legalidad que le da el ser gobernador, jefe del Poder Ejecutivo y la máxima autoridad pública del estado.

Moreno Valle no tendría por qué propiciar las diferencias si arriba de él no hay nadie.

Tampoco tendría que competir, ni con Rivera Pérez ni con nadie más, si él ya está en la cúspide, en el eslabón más alto de la enorme cadena de mandos que hay en Puebla.

Desde esa perspectiva entonces, que es la del inquilino de Casa Puebla, el único culpable ante una eventual existencia de diferencias y competencia entre ambos tendría que ser, irremediablemente, el presidente municipal.

¿Qué significa eso?

Que observados los hechos con la óptica morenovallista, el edil poblano llevará la de perder.

Aun así, siempre hay más caminos, alternativas qué seguir en caso de que no quieran aceptarse las condiciones del vecino de enfrente, aunque sea éste más grande, más fuerte y más poderoso.

Trabajar o no bajo condiciones de subordinación y sumisión es el dilema que Eduardo Rivera tendrá que resolver.”

*Columna publicada por el reportero el 16 de febrero de 2011.

AHORA UNOS APUNTES

A seis años de distancia de aquella toma de protesta, queda claro que Eduardo Rivera optó por la no subordinación… y perdió.

Las diferencias entre el ex gobernador y el ex presidente municipal se hicieron más profundas con el paso del tiempo.

En lugar de adaptarse a lo que Moreno Valle demandaba, Rivera eligió ser la cabeza visible de los contrapesos al interior del PAN.

Así se enfundó en el líder de una corriente de opinión que fue perdiendo fuerza hasta ser desplazada por completo de los órganos de gobierno del partido.

Si las elecciones locales de 2013 y 2016 acentuaron la pugna, la de 2018 –que aún no ocurre pero ya se cocina—esfumó toda esperanza de reconciliación entre estos dos personajes.

Rivera lleva rato convertido en ariete antimorenovallista.

Justo es por eso que terminó por representar un peligro real para los intereses políticos del ex mandatario.

A nivel local, Rivera Pérez amagaba con disputarle al grupo de Moreno Valle la candidatura a gobernador de 2018.

Y a nivel nacional, con jugarle las contras a partir de su apoyo a Margarita Zavala (de Felipe Calderón).

En esta historia no hay ni buenos ni malos.

Se trata de la guerra por el poder, en la que siempre hay vencedores y vencidos.

Rivera pudo ver lo que sucedería desde su toma de protesta en febrero de 2011.

Aquella vez, al término del acto protocolario celebrado en el Centro de Convenciones, un connotado priista, ex presidente estatal del tricolor, se acercó al autor de esta columna para hacerle un pronóstico:

“Eduardo no será candidato a gobernador mientras Rafael habite Casa Puebla y tenga el control del PAN”.

Moreno Valle ya no vive en Casa Puebla pero aún tiene las riendas del blanquiazul.

@jorgerdzc

jorgesolpue@hotmail.com

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

ÚLTIMAS COLUMNAS

Más Noticias