Plan B y cosas peores
Nunca he escuchado a un político que apueste para perder. Su apuesta es siempre para ganar en el corto, mediano o largo plazo. Puede jugar a distraer, pero su apuesta siempre es a ganar.
Eso han tratado de vender los aplaudidores de la presenta Sheinbaum después de que la Cámara de Diputados rechazara la reforma electoral. Dicen que ella cumplió con presentar la iniciativa de reforma electoral (y no lo dicen, pero se intuye), independientemente del malogrado resultado.
La realidad es más compleja: la Presidenta no logró los consensos necesarios al interior de su alianza. No fue la oposición quien le endilgó el traspié, sino sus propios aliados. Esa es la diferencia que los analistas que se niegan a aceptar quienes no ven un defecto en este gobierno.
La respuesta es que la Presidenta presentará un plan B. Al estilo de su antecesor, una vez que su primera reforma electoral fue rechazada, la inquilina de Palacio Nacional pondrá sobre la mesa una reforma que suena, una vez más, a gran distractor de los asuntos importantes.
La economía, la seguridad, la rendición de cuentas, la transparencia, la autonomía energética o los derechos de las mujeres, por ejemplo, están ausentes de las grandes políticas públicas en este sexenio.
Todo parece girar alrededor de los deseos de Donald Trump. Si el mandamás norteamericano sonríe, la presidenta parece estar desempeñando un buen papel; si la amenaza, todo indica que va mal. Los parámetros que enfrenta Sheinbaum son distintos dada la coyuntura, pero no dejan de ser hasta cierto punto intrascendentes.
La nueva reforma que propondrá Sheinbaum gira sobre cosas menores: debilitar presupuestalmente a los árbitros electorales que son ineficientes de por sí para fiscalizar las elecciones. Podemos anticipar -desde ahora- que lo harán peor con una rebaja importante en sus presupuestos.
Que el pueblo decida quién sea su diputado o senador plurinominal suena encantador, pero debilita el sistema de partidos. La fórmula debe ir en el sentido contrario: ¿Cómo fortalecer el sistema y acercar al ciudadano con sus representantes?
Veremos un plan B que bien puede llamarse “lo que permite la alianza”. Lejos está de ser lo que el país necesita. La presidenta y sus allegados no miran eso; prefieren alegrarse de acuerdos nimios.















