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Análisismiércoles, 1 de octubre de 2025

Redimir: más que un perdón, una apuesta compartida

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La palabra “redimir” viene del latín redimere: volver a comprar, recuperar.

Hoy la usamos en muchos sentidos: pagar una deuda, rescatar a alguien, reparar un daño. Pero en el terreno de las relaciones humanas, redimir es algo más delicado y profundo: es el acto de reconocer un error, hacer lo posible por repararlo y, sobre todo, reconstruir confianza.

Y aquí reside una verdad que conviene no olvidar: la redención auténtica no funciona a distancia. Requiere acción, coherencia y, fundamentalmente, el deseo de avanzar por parte de todas las personas implicadas.

Lo mismo ocurre en lo profesional. Un reclamo injusto solo se repara si quien lo hace reconoce su error y ofrece restitución y si la persona ofendida, en la medida en que lo permita su dignidad, acepta mecanismos que permitan cerrar la brecha.

En contextos comunitarios o históricos, piénsese en comisiones de verdad y reconciliación, la reparación colectiva implica disculpas públicas, restituciones simbólicas y reformas estructurales, pero también requiere que las y los afectados acepten el proceso como verdadero camino hacia la justicia y la convivencia.

Sin ese deseo de avanzar, los actos de redención se vuelven gestos vacíos o, peor, instrumentos de manipulación.

@serdan_mx

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