Entre Capirotadas y Torrijas
Recetas que deben preservarse
JESÚS MANUEL HERNÁNDEZ/Texto y fotos
Otra tradición gastronómica angelopolitana, heredada de la fusión de las cocinas española y mesoamericana está extinguiéndose paulatinamente ante la invasión masiva de los dulces de Pascua, los huevos de chocolate en concreto.
Antes se acostumbraba para mantener en parte el ayuno y el sacrificio, el consumo de postres como las Torrijas, algunos les llaman también torrejas; y el Domingo de Resurrección la Capirotada.
En otros países aparecieron las torrijas bajo otras denominaciones como las “tostées dorées” o el “payn purdyeu” pan perdido en Inglaterra.
Unas más angelopolitanas eran rellenas de requesón, de camote mezclado con almendra en forma de pasta, de coco y hasta de mamey.
La capirotada también llegó a la Nueva España de la mano de las recetas conventuales y las costumbres alimenticias de los nuevos pobladores. En aquella época no era un postre, se trataba de una manera de hacer “sopa” común y corriente.
Las rebanadas de pan duro se fríen y se colocan sobre un platón para ser bañadas con miel de piloncillo y la capirotada se adorna con queso añejo rallado o triturado en molcajete, pasas y cacahuates…
Sin duda las torrijas y la capirotada, se añaden, por desgracia, a los platillos en extinción de la historia de la gastronomía de Puebla.
elrincondezalacain@gmail.com
Video en: Youtube Canal El Rincón de Zalacaín


























