La voz del cácaro | Los que Regresan
-Todavía no sé nada. –le contesto preocupado.
“Ya Mañana se puede llevar a Hilda”, dice detrás de mí la mujer de bata blanca. Le pregunto si conoce al enfermero grande y moreno.
-Por la forma cómo usted lo describe, se parece a don Eusebio. –me contesta pensativa.
-¿Y a qué hora llega don Eusebio?
-¿A qué hora llega? Don Eusebio murió hace tres años, señor.
-¿Murió? –exclamo mientras se me hace un nudo en la garganta.
-Le extrajeron un riñón para dárselo a su hijo. Pero el organismo del muchacho no lo aceptó. Y falleció. Después de eso, Eusebio ya no regresó a trabajar. Dicen que se quitó la vida. En paz descansen los dos.
Vuelvo a abrazar a Hilda y me aferro a ella. No es lo que somos ni lo que tenemos, sino lo que hacemos por los otros mientras transitamos por este mundo.















