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En el capitulo veintiséis del libro El Secuestro de William Jenkins, del abogado Rafael Ruiz Harrel, narra que el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson“despidió a su Secretario de Estado, Richard Lansing, y no le guardó las consideraciones propias de su cargo, por lo que llegó a decirse que el motivo era la belicosa política seguida por el funcionario estadounidense en relación a México”. Lansing ya nunca volvió a ocupar un puesto de gobierno, dice Ruiz Harrell, por lo que tuvo tiempo de sobra para escribir un diario, obra que registró para la posteridad—entre otras ideas--, un dato revelador de sus ambiciones injerencistas: “La solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto al liderazgo de Estados Unidos. México necesitará de administradores competentes. Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñaran de la presidencia. Sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queremos. Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros”.
Este grupo de jóvenes tecnócratas neoliberales que soñó Lansing, lo hizo realidad Antonio Ortiz Mena, ex Secretario de Hacienda y Director del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, en Washington DC.. Así, Carlos Salinas de Gortari se hizo del poder presidencial, y después de más de cuarenta años de neoliberalismo económico fue desplazado por hombres y mujeres dignos liderados por un gobierno refractario a ser lacayo de Washington.
¿Qué sigue? nuestros vecinos al norte del río Bravo no cejan en su ambición injerencista pero saben, como dice Ruiz Harrell, que “para someter a México la intervención y la violencia armada tendría un costo muy elevado y destruiría muchas propiedades extranjeras, y que la solución tampoco es poner a un estadounidense en la presidencia de México, lo que traería de nuevo la guerra”.
Uno de los grandes objetivos del grupo de republicanos que opera bajo el nombre de MAGA en la Casa Blanca es retener el poder y para ello están dispuestos a efectuar acciones políticas negativas y desastrosas. Parecería que no se toma en cuenta el conocimiento de la historia y de las amargas experiencias de los sucesos escenificados en las diferentes etapas del acontecer mundial.
El dilema es que una vez que los sucesos iniciales se encadenan de una manera que después ya nadie puede desatarlos, ya nadie después puede contenerlos. Esto es hoy posible dado el estado del presidente Trump, cada día mas fuera de sí y dispuesto a emprender amenazas sin fin para aplicar sanciones económicas – vía aranceles-, a países aliados o no.
Es evidente, el situar a México en el papel de villano le da a la Casa Blanca una ganancia política porcentual. Por lo consiguiente, es seguro que sigan con la táctica para situar a nuestro país como el malvado de película joligudense, y la fuente de todos sus males. Ante la injerencia del gobierno norteamericano, la presidenta Claudia Sheinbaum, han sabido encarar las circunstancias al recalcar que hay asuntos que solo le incumben a México y a los propios mexicanos, dándole un giro inesperado a los SUCESOS NACIONALES para obligar a los intervencionistas a renunciar a sus planes.
La defensa de la soberanía nacional requiere de la unión de los mexicanos, si no, habría que concluir que en México poco se ha aprendido del pasado y se considera el conocimiento de la historia poco beneficioso y propio de flojonazos.