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Análisisdomingo, 13 de julio de 2025

El cumpleaños del perro / El baile

Una vez fijado como centro resulta obvio que no se puede separar completamente de los otros elementos (como el relato, la música o la escena), pero al mismo tiempo queda claro qué se debe evaluar como propio y qué como complemento.

En los términos rituales de la lingüística moderna se puede decir: es, antes que nada, un significado para el cual se imaginan significantes que son movimientos.

Esta maravilla de explicitación, que es muy difícil en danza, contiene plenamente la idea relevante: la danza requiere que, como origen, una experiencia conceptual, sea explicitable o no, sea racional o no.

“Esta experiencia conceptual es la que se hace efectiva en el intérprete, cuyo cuerpo opera como soporte de un concepto. Es obvio, sin embargo, que el intérprete también pone sus propios conceptos en el resultado”.

El baile es armonía, comunión, contacto, comunicación, un te toco con mi cuerpo. Por el baile subes, bajas, transitas por caminos de piel, de sudor, de notas.

Bailar exorciza, resucita. Mediante el baile llegas a una zona prohibida que te permite continuar en el cuerpo del otro.

Si bailas la música te transporta a estadios que no son humanos: el alma se te sale, te brinca y quiere irse de jolgorio a otro cuerpo para luego –oh santo remedio- volver a tu cuerpo ansioso.

Bailar es desdoblarse, torcerse, darse. El baile es como el amor: no admite términos medios, lo exige todo a cambio de nada.

Mientras bailas el tiempo es música nunca sangre, nunca humores. Bailar es la dimensión del gozo, del frenesí, del escape.

El baile es cura, es salud, remedio contra la amargura. El baile nos hace olvidar que somos temporales.

El baile es éxtasis, embeleso, plenitud corporal. La música –musa del baile- te posee, te hace que saques al otro que vive dentro de ti.

El baile es cultura, patria, nación. El baile no necesita pasaporte ni admite etiquetas sociales ni de raza: bailar es el ritual humano más portentoso.

Al bailar hay una insurrección, sublevación de los sentidos. El ritmo se te sale por los poros, por los ojos, por la mirada, por los pies. Bailar es una revolución.

Bailar es delectación. Cuando bailamos efectuamos un acto metafísico: le damos espíritu a nuestros huesos, a nuestras vísceras. Bailar se hace con el cuerpo y el alma.

La vida es como el baile. Al compás que nos toquen nos conducimos, nos comportamos. Sólo que a diferencia de la vida, el baile no muere, no es finito.

El baile es matemáticas y es espacio. Puede decirse que el baile es el matrimonio del espacio con la música. Movimiento y ritmo.

¿Qué se requiere para bailar? Nada y todo. Basta ser humildes ante el ritmo. Bailar significa desplazamiento, ubicación infinita del cuerpo, exposición y sumisión del ego ante su majestad el ritmo.

El baile es moda, antigüedad, modernidad. No existe el tiempo humano en el baile, sólo el tiempo de las notas. Bailar conlleva otro tiempo, otras pulsaciones vitales.

Bailar no es egoísmo. El baile es un dar, un compartir, es afinidad. Bailar es volver a existir.

El baile es la extensión del cuerpo, de los sentidos. Es proyección, predominio, es el absoluto en terrenos de lo relativo.

El baile, a diferencia de la vida, se puede repetir una y otra y otra y otra vez…

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