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Análisismiércoles, 11 de marzo de 2026

El cumpleaños del perro / Volviendo a Lars von Trier

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Volver a ver un filme denso, como “Anticristo” / 2009, de Lars von Trier, cuyo pulso central es la crispación, resulta complicado cuando lo primero que exige es la mirada racional. El arte, si se le pretende aprehender, requiere los amarres de la sensibilidad.

Un Sade invertido en sus hálitos de penumbras y escatologías sexuales es lo que Von Trier plantea en su pedante “Anticristo”. Freud y Jung reelaborados bajo una premisa ineluctable: el inconsciente es el territorio sagrado del mundo real.

El arriesgue estético esta vez no es eructado por Lars von Trier desde la fotografía y sus súcubos evidentes (paneo, travelling, rompimiento de ejes), es el escudriñamiento psicológico ante la pérdida más que del hijo de la moral. 

En aras de entender la postura de Von Trier, tendríamos que responder a dos preguntas: ¿solamente con el fantaseo sexual se tiende un puente hacia lo religioso, lo cristiano? ¿El martirio es inmanente más a la carne (lo digo por el final) que a los tufos espirituales? 

Y decir abismo en un filme de Lars von Trier es deducir un microcosmos en el paradigma de un mundo excluido (¿proscrito?) de los órdenes morales y éticos para salvaguardar granadas cognoscitivas y que estallan en la introspección (lenta o acelerada) del relato mismo.

En medio del ensayo freudiano, con tintes de Strindberg, sobre el dolor y el pastiche visual sobre la redención del alma, “Anticristo” es empero un acierto de su director por narrar de manera osada un tema difícil…

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