Análisismartes, 13 de septiembre de 2022
Pre-textos del caimán | Rosalía de Castro
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Precursora de la poesía moderna, considerada como una de las grandes poetas de la literatura española del siglo XIX. En 1884 publica A las orillas del Sar, en la que introduce innovaciones en la métrica y surge como un canto de protesta contra la preeminencia del castellano y para mostrar las dificultades de la vida de los campesinos gallegos. Cantares gallegos, es considerada como la obra iniciática de la literatura gallega contemporánea.
Hija de José Martínez, sacerdote, y de María Teresa de la Cruz Castro, Rosalía de Castro nació en Santiago de Compostela el 24 de febrero de 1837. Fue registrada como María Rosalía Rita, de padres desconocidos. Su tía paterna, Teresa Martínez, la acogió en su casa a los ocho años. Vivió en una aldea llamada Castro de Ortoño, en Ames, La Coruña.
Esos años de infancia le permitieron conocer la vida rural de Galicia, aprendió la lengua, las creencias, las costumbres o las cantigas. Tiempo después se trasladó a Santiago de Compostela, ciudad en la que conoció a intelectuales como Aurelio Aguirre, Manuel Murguía y Eduardo Pondal, asiduos asistentes el “Liceo de la Juventud”, núcleo de la vida cultural. Luego se va a vivir a Madrid y en 1857 publica su primera obra importante, un conjunto de poemas titulado “La flor”, el que Manuel Murguía elogió y reseñó en el periódico La Iberia, él la animó a continuar con su trabajo literario. Al tiempo, se enamoraron y se casaron el 10 de octubre de 1858. Murguía se encargó de la publicación de Cantares gallegos, que a la postre se convertiría en su gran obra. Por otra parte, Rosalía ya comenzaba a manifestar su apoyo social a las mujeres, puesto que, en esa época, la mujer era considerada como una persona de poco valor. Durante los siguientes años Rosalía vivió en diferentes ciudades: Madrid, Santiago, La Coruña y Simancas. Fue en esta última en donde compuso gran parte de los poemas incluidos en Follas novas. En 1871 la poeta se trasladó a Galicia, lugar en el que pasó el resto de su vida. En el transcurso de su producción literaria fue tratada muy mal y no fue sino hasta después de su muerte que se le ha valorado. Por ejemplo, Leopoldo Alas, mejor conocido por su pseudónimo “Clarín”, decidió no citarla en su libro “La literatura en 1881”. En cambio, los escritores de la Generación del 98, supieron valorar y reconocer la importancia de la obra literaria de Rosalía de Castro. Azorín, Unamuno y Juan Ramón Jiménez la elogiaron. Este último la consideró como innovadora y precursora del modernismo español.
De Castro escribió relatos, novela, poesía y diversos artículos, como “El domingo de ramos”, en el que habla de las inundaciones en Padrón, publicado en La ilustración gallega y asturiana, en 1881.También escribió una serie de artículos para El imparcial de Madrid: “Costumbres gallegas”. En uno de sus textos menciona la antigua costumbre de ciertos pueblos de la costa gallega, en el que, mediante un arreglo, cuando un marino había pasado mucho tiempo en altamar, se le ofrecía “pasar la noche” con una mujer de la casa en la que estuviera alojado, como una muestra de “hospitalidad”. Fue duramente criticada por la prensa gallega, por lo que decidió nunca más volver a escribir en su lengua; además, respondió a sus detractores: “Yo por mi parte, añadiré que soy vieja para recibir lecciones de un maestro de escuela y por lo tanto que me atengo a lo que mi decencia me dicta, que en esto es el mejor juez que puede hablar”.
En su obra narrativa destacan: La hija del mar, escrita en español y publicada en 1859. El libro está dedicado a Manuel Murguía: “A ti que eres la persona a quien más amo, te dedico este libro, cariñoso recuerdo de algunos días de felicidad que, como yo, querrás recordar siempre. Juzgando tu corazón por el mío, creo que es la mejor ofrenda que puede presentarte tu esposa”. En ella aborda el asunto de las mujeres que tratan de defender su honra. Presenta a mujeres valiosas que sobresalieron en las artes o en la política, mujeres que lucharon por sus derechos, o que influyeron en los diversos ámbitos de la vida. Contiene un prólogo en el que defiende los derechos de la mujer, el mismo que vale la pena volver a leer: “Posible me sería añadir que mujeres como madame Roland, cuyo genio fomentó y dirigió la Revolución francesa en sus días de gloria; madame Staël, tan gran política como filósofa y poeta; Rosa Bonheur, la pintora de paisajes sin rival hasta ahora; George Sand, la novelista profunda, la que está llamada a compartir la gloria de Balzac y Walter Scott; Santa Teresa de Jesús, ese espíritu ardiente cuya mirada penetró en los más intricados laberintos de la teología mística; Safo, Catalina de Rusia, Juana de Arco, María Teresa, y tantas otras, cuyos nombres la historia, no mucho más imparcial que los hombres, registra en sus páginas, protestaron eternamente contra la vulgar idea de que la mujer sólo sirve para las labores domésticas y que aquella que, obedeciendo tal vez a una fuerza irresistible, se aparta de esa vida pacífica y se lanza a las revueltas ondas de los tumultos del mundo, es una mujer digna de la execración general. […] El que tenga paciencia para llegar hasta el fin, el que haya seguido página por página este relato, concebido en un momento de tristeza y escrito al azar, sin tino, y sin pretensiones de ninguna clase, arrójelo lejos de sí y olvide entre otras cosas que su autor es una mujer. Porque todavía no les es permitido a las mujeres escribir lo que sienten y lo que saben”.
Cantares gallegos es considerada la obra culminante no sólo de la autora sino del resurgimiento de las letras gallegas. Cabe destacar el trabajo literario y lingüístico, el reflejo de las durísimas condiciones en las que se encontraban los habitantes de Galicia. Con su trabajo literario, el gallego se pone al mismo nivel del castellano y dota a esa región de un digno lugar en la España del siglo XIX.
Los últimos años de la gran escritora fueron difíciles y dolorosos. Padecía cáncer de útero desde tiempo atrás. Murió un 15 de julio de 1885. Seis años después, su cadáver fue exhumado y trasladado a Santiago de Compostela, en donde fue sepultado en un mausoleo edificado para ella, en una capilla del Convento de Santo Domingo. Tras el paso del tiempo, España le ha reconocido como una de las grandes escritoras: aviones, monumentos, plazas e instituciones llevan su nombre. Ha sido traducida al inglés, al ruso, al japonés y al alemán.
Me despido con uno de sus poemas, el que a este pisateclas le hace recordar y a veces hasta llorar: “Negra sombra”, traducido por Juan Ramón Jiménez. El poema está incluido en Follas Novas (1880) y se ha convertido en un emblema del folclor gallego. Fue musicalizado por Carlos Núñez e interpretado por Luz Casal en 1996, luego formó parte de la banda sonora de la película Mar adentro, dirigida por Alejandro Amenábar; con 14 Premios Goya, ha sido la más premiada del cine español: “Cuando pienso que te huyes, / negra sombra que me asombras, / al pie de mis cabezales, / tornas haciéndome mofa. / Si imagino que te has ido, / en el mismo sol te asomas, / y eres la estrella que brilla, / y eres el viento que sopla. / Si cantan, tú eres quien cantas, / si lloran, tú eres quien llora, / y eres murmullo del río / y eres la noche y la aurora. / En todo estás y eres todo, / para mí en mí misma moras, / nunca me abandonarás, / sombra que siempre me asombras”.
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