El punto culminante de la carrera científica de von Braun ocurrió con el lanzamiento del cohete que llevaría, el 20 de julio de 1969, a un hombre a dejar su huella en nuestro satélite por primera vez en los miles de años de historia de la humanidad.
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José Stalin
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Corría la mañana del dos de mayo de 1945, en medio de una Alemania devastada por la guerra y con el Tercer Reich a punto de rendirse a las Fuerzas Aliadas, un joven alemán viajaba en bicicleta con el fin de llegar hasta las líneas enemigas. Su objetivo era entregarse al ejército norteamericano. De hecho, él mismo pidió llevar a cabo esta misión debido a que era el más joven, el que mejor hablaba inglés y el menos importante. Al toparse con un soldado de la División 44 le dice: “Mi nombre es Magnus von Braun. Mi hermano inventó el cohete V-2. Queremos rendirnos”.
Sin embargo, cuando el soldado llevó al joven con el oficial en jefe, éste no le dio demasiada importancia, y sólo le dijo que si era cierto, se presentara al día siguiente con todo el grupo de científicos. Fue así como los Estados Unidos obtuvieron, sin ningún esfuerzo, uno de los botines más preciados de la Segunda Guerra Mundial. Uno de esos científicos –quien afirmó que su país ya había perdido dos guerras y esta vez quería quedarse en el bando ganador– los ayudaría a conquistar la Luna.
Wernher von Braun nació el 23 de marzo de 1912, en Wirsitz, Alemania (hoy Wyrzysk, Polonia). Su familia formaba parte de la nobleza alemana. Desde niño comienza a soñar con la posibilidad de enviar cohetes al espacio, a partir de la lectura de las obras de Julio Verne y H. G. Wells. Incluso, construye un pequeño cohete el cual logra que se eleve y estalle, por lo que la policía llega a su casa a arrestarlo y su padre tiene que ir por él.
A los doce años su madre le regala un telescopio con motivo de la fiesta de su confirmación en la Iglesia. Además, se le permite pasar dos horas por las noches explorando el cielo, antes de acostarse. Poco tiempo después, ya está dedicado seriamente al estudio de la astronomía. En 1925 ve el anuncio de un libro titulado “El cohete a los espacios interplanetarios”, de Hermann Oberth, e inmediatamente lo pide por correo.
Sin embargo, cuando von Braun recibe el libro, se siente completamente decepcionado, ya que contenía una gran cantidad de símbolos indescifrables para él. En ese momento corre a ver a su profesor de matemáticas, y le dice mientras llora: “¿Cómo puedo entender lo que dice este hombre?”.
Su profesor le explica amablemente que esos símbolos indescifrables se llamaban ecuaciones y por lo tanto, si quiere dedicarse a fabricar cohetes, no bastaba con soñar y leer novelas futuristas, sino que era muy importante que estudiara física y matemáticas, con el fin de comprender su funcionamiento y diseñarlos. Von Braun sigue su consejo y se dedica a estudiar con ahínco estas ciencias, con tan buenos resultados que se gradúa del bachillerato un año antes que su generación.
Von Braun ingresa al Tecnológico de Berlín, donde se gradúa como ingeniero en aeronáutica, en 1932. Además, había comenzado a trabajar como asistente del profesor Oberth (autor del libro que cambió su vida). En 1934 obtiene el grado de doctor en la Universidad de Berlín. Debemos anotar que su tesis sobre propulsión líquida de cohetes fue financiada por el Ejército alemán.
Una vez graduado, von Braun se afilió al partido Nazi y comenzó su trabajo en el ejército. En el laboratorio situado en Peenemünde, en la costa del mar Báltico, diseña, junto con un equipo de científicos, el temible cohete V-2, el cual tenía las siguientes características: 14 m de largo, 12000 kg de peso y alcanzaba una velocidad de 5600 k.p.h.
Los cohetes V-2 se desarrollaron en la fábrica Mittelwerk, con el empleo de prisioneros de los campos de concentración. De hecho, murieron más personas en esas fábricas que en los bombardeos con dichos cohetes. En septiembre de 1944 iniciaron los lanzamientos para bombardear las ciudades de Londres, Inglaterra y Amberes, Bélgica. Debido a su velocidad eran muy difíciles de detectar y causaron miles de muertes.
Como disculpa, von Braun siempre comentó que de no haberse afiliado al Partido Nazi, no habría podido realizar sus investigaciones –algo que suena lógico–. De todos modos, en una ocasión la Gestapo lo arrestó por haber declarado que no le importaban los planes de Hitler, que él lo único que quería era desarrollar los cohetes. También solía decir que su objetivo era lanzar un cohete al espacio, y que los cohetes V-2 eran sólo una aplicación inmediata que tenía que desarrollar.
A principios de 1945, estaba claro que los alemanes no ganarían la guerra, por lo que von Braun y su equipo de científicos deciden que lo mejor es rendirse a los norteamericanos. El Ejército Rojo se acercaba y no parecía ser la mejor opción, ya que significaría cambiar una dictadura por otra. Además, sabían del odio que sentían por los nazis, debido a los crímenes que éstos habían cometido en la invasión a Rusia. Por lo tanto, su hermano menor es enviado para comunicarles su entrega, junto con todos los equipos de pruebas y documentos clasificados.
En ese momento el ejército de los Estados Unidos llevaba a cabo la “Operación paperclip”, que consistía en capturar a los científicos alemanes, con el fin de incorporarlos a sus investigaciones, y así evitar que los atraparan los soviéticos. Von Braun, junto con su equipo, son trasladados al país norteamericano y comienzan a trabajar en el desarrollo de cohetes.
En 1958 se crea la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), y von Braun es nombrado director del Centro Marshall de Vuelo Espacial. La investigación sobre cohetes se traslada a esta agencia con el fin de colocar un hombre en la Luna. El desarrollo del cohete Saturno V fue una pieza clave para lograr este objetivo.
Von Braun fue reconocido por todos como el científico que logró llevar a los norteamericanos a la Luna, y de esta forma ganarle la carrera espacial a los rusos. Por lo tanto, se le perdonó su pasado nazi, y se convirtió en una persona muy querida por el pueblo estadounidense. Incluso, realizó una serie de programas de divulgación científica para Disney.
Fue un hombre muy atractivo que siempre tuvo mucho éxito con las mujeres; desde su época de estudiante era conocido por tener varias novias a la vez. Después, ya como científico reconocido, tuvo varias aventuras y en una ocasión estuvo a punto de casarse. A unos meses de su arribo a América, le envió una carta a su prima Maria von Quistorp, en la que le propone casamiento. En 1947 obtiene el permiso para viajar a Alemania a casarse y regresar con su esposa. El matrimonio tuvo tres hijos.
Al final de su carrera von Braun trabajó en Washington, D.C., en un programa de desarrollo estratégico de la NASA, y posteriormente, en la compañía Fairchild. A fines de 1976 se retira debido a su deteriorado estado de salud. El Dr. Wernher von Braun falleció, víctima de cáncer, el 16 de junio de 1977, en Alexandria, Virginia, E.U.A.
Su gran legado consistió en abrir las puertas del espacio no solo a los Estados Unidos, sino a toda la humanidad, con las posibilidades infinitas que esto ofrece. Todo lo anterior, a partir de la lectura de las novelas de Julio Verne por parte de un niño que –como tantos otros– soñaba con los viajes espaciales, pero que además se puso a estudiar matemáticas y física para convertir su sueño en realidad.