Comunicar a la defensiva
Iván Arrazola*
En consecuencia, estos medios rara vez permiten discusiones profundas o matizadas. Por el contrario, tienden a exacerbar los ánimos y a simplificar los mensajes, lo que favorece que los gobiernos comuniquen únicamente aquello que resulta conveniente, evitando el contraste y el escrutinio.
Este cambio ilustra un fenómeno recurrente en la comunicación política: cuando actores que antes se presentaban como opositores acceden al poder, tienden a replicar o incluso profundizar las prácticas que previamente cuestionaban. Así, el control del discurso público se convierte en un recurso estratégico.
Bajo esta dinámica, episodios como el escándalo de la funcionaria captada tomando el sol en Palacio Nacional adquirieron una relevancia desproporcionada. Más allá del hecho en sí, lo que evidenció fue una reacción institucional marcada por la negación y la falta de verificación.
El desenlace fue aún más complejo: la renuncia de la funcionaria involucrada y una explicación oficial poco clara reforzaron la percepción de improvisación. La declaración presidencial mostró las limitaciones de un modelo que prioriza el control del mensaje sobre la transparencia.
En este sentido, resulta evidente que el actual esquema de comunicación enfrenta serios desafíos. Gobernar bajo una lógica defensiva debilita la credibilidad institucional y reduce la capacidad de generar confianza.
Es importante subrayar que el respaldo electoral a un proyecto político no depende exclusivamente de su estrategia comunicativa. En el caso de Morena, el apoyo ciudadano responde a factores como la percepción de cumplimiento de promesas.
Persistir en una comunicación a la defensiva implica asumir costos crecientes. En un entorno altamente mediatizado y polarizado, la capacidad de adaptación y apertura no solo es deseable, sino indispensable.
Iván Arrazola es analista político y colabora de Integridad Ciudadana A. C. @ivarrcor @integridad_AC
















