El santuario de luciérnagas ubicado en Nanacamilpa obtuvo por quinto año consecutivo este reconocimiento nacional otorgado mediante la votación de viajeros
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El conflicto económico se agravó por una relación sentimental que detonó el asesinato de los esposos, adelantó la fiscal de Tlaxcala, Ernestina Carro Roldán
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¡Ya es viernes de Dolores!... ¡de añejas tradiciones!... la semana que viene será Semana Santa. En las costumbres de mi tierra, la torta de camarón con haba, el pescado seco, las comidas de vigilia. Pero este viernes doloroso es anticipo de tradiciones que mutan y sepultan las costumbres. Frente al convento Franciscano habrá infinidad de puestos. El pan festivo, pastelitos rellenos y pescaditos capeados. Mil golosinas más, como las pepitorias, palanquetas y alegrías del amaranto. Las aguas frescas de sabores.
Chiautempan todavía es un “pueblote” en el que las generaciones se traslapan. Pero en los pechos juveniles, de amores que descubren, de noviecitas lindas, sigue el corazón latiendo. Si te “miro” bañada por la luna de abril, te sigo sin descanso y cauteloso, mi sentimiento se arrima a los balcones de tu piel y en el silencio te deseo… con cautela extrema, para lograr si escucho, el latido de tu cuerpo que descansa entre los linos de tu ropa… secuestrar así -quisiera- los perfumes de tu piel, esos que cuando tú caminas yo respiro… por las calles procesionales con altares de brotantes trigos, banderitas oro y plata; miro la levedad que levantan tus pechos si respiras.
Noche de Jueves Santo y a tu ventana llega el sentimiento de amor que ha despertado y, entre tinieblas, recargado en la barda de tu casa, tan cerca de tu vida, rompo en suspiros el silencio y las sombras, y en el ensueño de tu cercanía sueño y recojo conmigo tu presencia amada. Son las campanas del reloj parroquial que rompe el silencio y el descanso, y así transito la noche sin que tú sepas que estoy cerca. Mis ojos miran en los tuyos buscando respuesta a lo que siento; prenden de amores, haciendo que las sombras huyan y la aurora llegue. Mi corazón respira en tu recuerdo… “quiero raptarte en la cuaresma opaca, sobre de un garañón y con matraca y entre los tiros de la policía”… -Ramón López Velarde-.
La antigua costumbre de los altares con sus trigales niños se mantiene en los barrios. Ahí, donde la imagen procesiona y se llenan de rezos los espíritus y al final, cuando la devoción se aleja, aguas de chía, de tamarindo y de horchata se reparten y los pastelitos de las tahonas del Mole y del Pipitochi -ya difuntos-, llenan el paladar de todos.
El próximo será santificado viernes. Una mañana que avanzará entre cansinos pasos y redoble de tambores de los alabarderos… entre la muchedumbre yo te busco y te encuentro con tus radiantes galas… es tu corazón de una mañana en que el mío a venerarte llega, y yo ansioso respiro la fresca humedad de esa atípica lluvia que anoche cayó desde las nubes. Al respirar, en mi sangre te guardo. ¡Completa!, ¡enterita!, aunque no estés conmigo sé que te llevaré por siempre… en el añoso parque Hidalgo, el día esplende vestido de sol y de calor humano. Pero tú, entre la multitud, eres grito de amor que resuena en mi torrente y que, a pesar de los murmullos y los rezos, eres voz de esperanza que desde tu alma llega. Tu voz es el canto de un día de primavera que baja de los árboles y acomoda sus notas en el concierto de mi vida. Es la danza de mi tiempo y el rezo piadoso entre el intenso calor que hoy nos agobia.
La mañana rompe para bien, con el vuelo de las aves que surcan, anunciando amores con sus alas. Tú, toda entera, eres magia que hechiza. Eres espacio devoto, que colma el escenario de mi vida. De fondo están los pasos rítmicos, que custodian y acompañan a la imagen. No obstante, el desvelo de amor, el descanso me regala sus renovados ojos con que te miro ansioso.
Es un ardiente abril el que se inicia. Es una breve brisa que platica y nos cuenta de las ansias de los amores jóvenes… son esas nubes que en las veredas del cielo viajan forradas de plata y de frescura intensa y excitante. Cuando de pronto, casi niños de asombro, mis ojos tropiezan con tu carita dulce y con tu andar de niña mujer que estudia y ensaya su presencia coqueta. Carita que ahora se maquilla con el calor del día, manzana y ojos de capulín anticipado… para siempre quedará en mi memoria ese rubor y la inquietud de conejita asustada que busca y que no encuentra.
Son tus ojos aves de vuelo en libertad, entre el viento que surca sin tapujos… tus ojos, que sus alas baten en el minuto que pasa. Tus ojos, espíritu de libertad y de ternura que de amor anidan en los míos y me enloquecen. En un momento que mi mundo se convierte en miel con tu mirada. Porque cuando los tuyos se cierran, se apaga en mi existencia la luz y yo circulo entre tinieblas…
La tarde del viernes santificado transcurre entre cantos y risas, entre saludos, rezos, redobles y piedades. En este abril, las nubes acuosas sorprenden a la tarde, y brilla esa luna que presume su belleza pudorosa entre velos y sombras en donde lo cierto se pierde y lo incierto no llega. Por fin, la luna se guarda entre humedades de aire y llega la noche plena para los corazones casi niños que sueñan con un amor de adultos -palomas, golondrinas, tempranas mariposas-, la luna, con la noche a cuestas, lleva entre estrellas misterios que no entiendo. Pero sí sé que eres tú, de nuevo tú y siempre tú en mis anhelos que te buscan, en el río caudaloso de tu vida que ahora baña mi existencia. -¡Te miro y no te tengo, te adoro y no eres mía!- Agua cristalina y fresca que, en el pozo sin fondo de mi amante corazón, halló la tierra fértil donde la flor de los deseos ya se estremece.
Ya es Sábado de Gloria, la tradición de bañarse a cubetadas, ya no hay para qué, con hipocresía, fingir y esconder a los deseos. Ha transcurrido otra Semana Santa, entre rezos y cantos, y el continuo de un corazón humano que no tiene por qué ni para qué esconder sus sentimientos de un joven aprendiz que sueña ser adulto. Ni modo, ¡seguiré en mis afanes de conquistar a tu alma niña!