¡La vida humana y la guerra!...
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión¡El insomnio en nuestras mentes!… ¡Las preocupaciones son un intenso palpitar!... Preocupados, los tlaxcaltecas asistimos a un espectáculo de miedo. ¡Es la guerra! Dicen los eruditos que esta puede ser el preámbulo de la gran conflagración, y si es atómica será la última. Toda guerra aniquila y reconfigura. Nos preguntamos, ¿será acaso que el ser humano no puede vivir sin la confrontación?, porque hojeando la historia humana encontramos que las grandes civilizaciones han sido guerreras. Vivieron bajo la constante movilización bélica.
Por eso se dice que el ser humano es belicoso por naturaleza. Se afirma que los juegos olímpicos y el futbol mundial son eventos que existen para que los rivales agoten sus odios y rencores. ¡Y yo creo que sí!, porque con frecuencia “porras” y “barras” fanáticas terminan en riñas y hasta muertes. Sea como aparece o parece como es, nos preguntamos si el encuentro violento que determina dominio y superioridades está en los genes de la vida humana. Si existe para satisfacer ambiciones, si “el hombre es el lobo del hombre”.
Siempre dispuesto al choque violento… “Qué me ves” … “Lo guapo que estas”… “Me gustas para un tirito”… “Pues ya vas”…, recuerdo en la secundaria con sus broncas entre pandillas y rufianes callejeros. Los conserjes correteando a los belicosos y los maestros calmando los ánimos. ¿A poco deberas siempre estamos dispuestos al pleito? Dice la ciencia que los espermas “guerrean” en el útero para prevalecer y los capaces son quienes logran el triunfo, para sobrevivir se debe vencer. Se dice que especies animales o vegetales hacen lo mismo de forma permanente y que en ese proceso de lucha y predominio, se van perfeccionando y evolucionan.
“Para prevalecer hay que morir”. El amor entre parejas, cuando de matrimonio se habla, se torna un juego de poder y supremacía en donde alguien manda y alguien obedece. Hasta el noviazgo tiene la misma fisonomía porque cuantas veces el trato entre novios termina en la violencia.
Pero tal vez sea la política el espacio social más apropósito donde mejor se aprecia el derroche de astucia y la diaria pelea por el predominio. Ahora mismo, Tlaxcala es el campo de batalla de la lucha por el poder estatal. Pelea que se anticipa y se adelanta. En el comercio, la “pelea” es a diario porque quien más vende acumula riqueza. Los ejemplos de las confrontaciones y de las guerras colman lo largo de los siglos.
Pero ahora, aquella gran guerra que asoma el horizonte nos hace preguntarnos si afectará nuestra vida. Irán es una milenaria civilización que siempre ha guerreado ante distintos adversarios. Pero los tiempos cambian y ahora las confrontaciones cuerpo a cuerpo se acabaron. La última fue Vietnam. Llegamos a la época de la “guerra de las galaxias”, se disparan infinidad de cohetes que autónomos vuelan miles de kilómetros y descargan sus explosiones terroríficas. Despegan como cohetes espaciales y estallan emulando en grado menor las de Hiroshima y Nagasaki. Hasta el momento, los rivales han evitado las armas atómicas, pero no las químicas que destruyen la naturaleza y esterilizan la vida. Ahí esta el ejemplo de Vietnam y el “napalm” en la selva.
Por de pronto, a causa de los petroleros gigantes que no pueden transitar por Ormuz, los precios de petróleo y gas han escalado. Lo que a México le favorece, es que hay una nueva refinería en servicio y otra que, desde suelo gringo, bombea hacia México y es propiedad del país. En México se acaba de fijar el tope de veinticuatro pesos para la gasolina. Pero en la sociedad mexicana padecemos la guerra de quienes buscan el retorno al poder, los narcos parecen ser sus representantes, la vieja clase política, ahora contenida por las mayorías que se cansaron de 70 años de atole con el dedo. Pero no olvidemos la guerra sucia por “debajito” del agua, aquella de los crímenes oscuros que mueve odios infundados. Son los presupuestívoros burócratas del alto poder, los que dicen que “el pueblo vale una chin…”, los que con una reforma que viene se verán desamparados y en la orfandad política.
Y ni modo de ponerse a trabajar, ¡qué horror! La guerra en la vida humana no cesa, pero a veces nos muestra su rostro de deshuesada y tétrica calavera. La guerra camina de la mano con la humanidad. En Tlaxcala no quisiéramos que llegue sus consecuencias. Pero hay amenazas de invasión que no cesan. Calladamente ambicionan al oro negro, las tierras raras, el litio y todo lo que actualmente consume al aparato destructivo y mantiene a la novedosa tecnología de punta para la guerra. ¡La guerra, siempre la guerra!... ¡Los señores de la guerra!... ¡La tecnología de la guerra, los industriales de la guerra!... ¡La guerra como negocio, como forma de vida!... ¡Los banqueros de la guerra!... ¡Síganle!..., hasta que un poseído por el diablo enloquecido apriete los botones del infierno y abra sus calderas para incinerarnos a todos.