Autoridades sanitarias emitieron una serie de recomendaciones para el cuidado de la salud y la integridad física de las personas en esta temporada vacacional
La Coordinación Estatal de Protección Civil desplegó operativos en los 60 municipios y pidió a padres de familia reforzar la supervisión de niñas y niños en espacios con presencia de agua
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¡Ni es uno ni es otro!... ¿Así será toda la vida de veleidosa?Morado es el color de la túnica de quien carga la pesada cruz en este viernes de guardar. Morado son los adornos de puertas, paredes y pasacalles. Hay también morados —casi lilas—, como la flor de jacaranda que por cientos sembraron en las márgenes del rio tlaxcalteca.
El Zahuapan es un valle esculpido en los siglos por la vertiente líquida que escurre de las faldas montañosas del Matlalcueyetl. JCF, cuando munícipe, se preocupó por la siembra de esos hermosos árboles que hoy alfombran de lila las márgenes. EL RÍO, que es la historia y la vida de esta región, está agonizando como reserva social de agua. No tenemos otro. Pero no lo hemos sabido cuidar. Ahora, es una enorme culebra sucia y contaminada que, dicen lo que saben, que envenena lo que toca.
Afirman los expertos que mejor la gente no se meta a sus aguas a limpiarlo, porque se expone al cáncer. Está saturado de metales pesados y químicos de desecho. Dicen que esas aguas, son ya un crimen de salud humana y que para su limpieza se requieren otras técnicas. Lo criminal es que sus aguas van a Puebla y luego a Guerrero, para finalmente ensuciar el océano.
En Tlaxcala, abundan las enfermedades del páncreas entre niños y adultos. Ahora se dispone de miles de millones para limpiarlo —bueno, se dispone de lo que deje la burocracia voraz— falta la voluntad y la honestidad en el manejo y lo más importante, que sepan hacerlo para alcanzar resultados.
Desde hace décadas, entre industrias, poblaciones, municipios y vecinos, se han encargado de desgraciarlo. Lo convirtieron en drenaje a cielo abierto, y ahora esa realidad la queremos disimular, hasta con “jardincitos” en su lecho, pero es algo imposible de ocultar. ¡Porque ahí está!...
En esta vida de disfraces y mentiras, otra monstruosidad tlaxcalteca que se quiere ocultar es la infamia de la trata, esa bestial realidad que hace de la mujer su mercancía para el más criminal de los oficios, por desgracia, es cotidiana realidad en algunas regiones.
A la joven le destrozan la vida, la arrancan de su hogar, de su familia, de sus costumbres, le destruyen el futuro y por la fuerza la someten a sus asquerosidades, se adueñan de su vida. Pero sexenio tras sexenio se dice que ya la erradicaron, aunque ahí está, tras un gran telón de falsedades, esta es LA VIDA FINGIDA que vivimos; un engaño constante ¡vea usted si no!...
Los nuevos tribunales designados por la mano poderosa, se dedican al discurso y a la foto, al diseño de “programas” y la “difusión” de las “declaraciones”. Firman “convenios”, se felicitan entre ellos y dicen los “magisters” que eso es hacer justicia, y gastan y gastan, y disfrutan sus palacios. Se supone que el pueblo los “eligió” para otra cosa, haber cuándo se asoman a “la justicia de carne y hueso”, la de los hechos diarios en los juzgados, la del trinquete y de la dádiva.
Por desgracia esa no es la única falsedad que conocemos —no terminaríamos nunca, de ellas, estamos rodeados—, —son los “engaños”, como al toro con el capote—, porque la industria alimentaria está llena de engaños, alimentos, colores, sabores y contenidos, son mentira: “sabor a vainilla”, “sabor a chocolate”, “sabor a miel”.
Son “sabores” no autenticidades. Compramos e ingerimos lo que los químicos alimenticios diseñan y elaboran. Ya no sabemos que es lo que comemos, porque si es mermelada de fresa, le dan cuerpo con tejocote. Esos productos “saben a”, pero “no son”. Igual, otras instituciones fingen. La policía forma parte de la comedia humana hasta les roban las patrullas y las destrozan.
Somos escenografías más que verdades —“te quiero, pero por detrás te engaño”. El blanco y el morado ni es uno ni es otro —a veces es lila—, porque esperamos con ansia el Sábado de Gloria para la briaga y el desmadre. Pero concedamos el beneficio de la duda, porque flota en el aire el recogimiento espiritual; las multitudes se congregan, las hermandades se agrupan, cargan las devociones en sus espaldas y en los brazos portan moños de la congregación, se reza y se canta, se canta y se reza. LOS SUEÑOS ¿serán también mentira? Porque esa parte onírica de nuestro existir, es la que nos queda para palear las amargas realidades de la vida. La noche y los sueños son nuestros, —cuando menos eso creemos—… “Las fantasías de la mente llenan de aroma mi existencia, aunque sé que nadie me sueña, porque yo no siento que me sueñen. Yo creo que cuando alguien te sueña, en el mundo callado de tinieblas —oficio entre sombras—, se entabla una vía que comunica los sueños entre uno y otro, cuando de amor se trata —bueno eso creo, y que también que nadie me sueña y menos tú—, eres quien yo quisiera que me soñara. Todo esto lo sé, porque a la distancia, mis sueños te preguntan si me sueñas y no tengo respuestas. No sé si tus ojos y los míos, si tu corazón y el mío se sueñan y se aman —tal vez el de los sueños es un mundo diferente”.
“Pero te cambio todos los sueños lindos que me quedan en la vida porque me dejes caminar amoroso de tu mano, por esas veredas de la noche que tus sueños recorren, dudo que así suceda, aunque quisiera que tus sueños se comunicaran con los míos, yo sé que no es así. Pero con todo y ese sueño, con ser objeto de los tuyos porque aquí tengo para ti un ansioso corazón que quiere juntarse con el tuyo”...
Tal vez soñamos para tratar de alterar a nuestro favor la realidad. Y tener con nosotros esa verdad onírica, que alimenta la esperanza del diario quehacer. Entre blanco y morado —a veces lila— está el asunto de los días que transcurren. Y nuestra vida va con ella, sea verdad o falsedad, solo tenemos de esa y no de otra.