Contexto
La imaginación le ganaba a la palabra y ésta a los hechos. El amor se hacía despacito aunque fuera intenso.
Antes se escribían poemas, se enviaban cartas, se mandaban señales. Se buscaba una pluma, un bolígrafo, un color de tinta especial, un sello, un papel para hacerle saber a la amada o al amado cuanto del amor se tenía guardado.
“Señorita Julia de Haro:
Señorita de todo mi respeto:
Respetuosamente
José Luis.”
Tal vez cursi, pero despacito, de largo plazo.
Hoy el mensaje sería por WhatsApp y diría algo así. “Q onda. Te he visto desde hace días. Creo me gustas (carita sonriente). Conseguí tu cel con un amigo común. Salimos?, By”. Respuesta: OK. Yo también (un corazón).
Así de simple y rápido es la relación entre los amorosos. El Fast Love, después siguen infinidad de mensajes, intercambios, sugerencias, envío de serenatas por vía electrónica, peleas entre ambos…
El amor más rápido, más efímero. Se pueden tener uno dos o tres amores simultáneos. Todos duran lo que dura la intensidad del mensaje.
El amor ya es otra cosa. Hoy los poemas deben ser de no más de ciento cuarenta caracteres. No más. Vale.
