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Análisisviernes, 19 de diciembre de 2025

Diles que no me maten

Pidieron ayuda a un hombre del pueblo. Él dijo que no tenía una estaca, pero sí un consejo:

—Amárrenlo.

Cuando le preguntaron cómo hacerlo, respondió:

—De manera imaginaria.

El campesino fingió clavar una estaca invisible y amarrarlo de forma ficticia. El camello se sentó. La noche pasó en calma.

Al amanecer, desamarraron a los noventa y nueve camellos sujetos a estacas reales y siguieron el camino. Pero uno seguía sentado: el de la estaca imaginaria.

Le preguntaron al hombre que les dio el consejo:

—¿Qué hacemos ahora?

—Ve y desamárralo —dijo el hombre.

—¿Cómo?

—Igual que lo amarraste —respondió—. De forma imaginaria.

Ahí entendí algo inquietante: es más fácil desamarrar a alguien de una estaca real que de una estaca que no existe. La noche estaba libre, pero el camello siguió sentado.

Solo hay un infierno: nuestra estaca imaginaria.

Ahí comienza gran parte del sufrimiento humano más profundo. No con una tragedia visible, sino con una estaca clavada hace años: una frase, un miedo, una noche, un “tú no puedes”. Carl Jung lo preguntaba sin rodeos: “¿Por qué quieres ser lo que no eres?”.

No era una pregunta moral; era una pregunta de supervivencia interior. Porque cuando alguien vive demasiado tiempo intentando ser quien no es, algo por dentro se quiebra. Y casi siempre se quiebra en silencio.

--¿Y por qué se ven tristes? –

--Son los tiempos, señor. (Pedro Páramo)

No los hirieron de golpe.

Los fueron hiriendo lento.

Con exigencias.

Con silencios.

Con comparaciones.

Con expectativas ajenas.

Freud diría que cuando una emoción no encuentra palabras, se convierte en síntoma. Jung diría que cuando una persona vive atrapada en una identidad que no es suya, la psique se defiende como puede. Muchas de esas estacas se clavan en la infancia.

No importa a qué hora se llega al destino; lo importante es no quedarse varado. Y eso también se enseña en casa.

Hay una escena en la película “El sexto sentido” que debería incomodarnos como adultos. El niño mira al psicólogo y le dice:

“How can you help me if you don’t believe me?”

(¿Cómo me puedes ayudar si no me crees?).

Ese es el grito silencioso de muchos jóvenes hoy. No piden primero soluciones. Piden algo más básico y más difícil: que les crean.

Diles que no me maten.

No con golpes.

Con burlas.

Con comparaciones.

Con prisa.

Con silencio.

El tiempo no cura lo que nunca fue acompañado.

El tiempo, muchas veces, solo endurece la herida.

“Porque es difícil crecer sabiendo que las cosas de donde podemos enraizar están muertas”.

(Diles que no me maten, Juan Rulfo).

Dr. Chandra Choubey

Director General

Campus Toluca

Tecnológico de Monterrey

chandra.choubey@tec.mx

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