Isidro Pastor Medrano
En este tiempo, he tenido también la fortuna de trabajar en lugares de excelencia, con seres humanos iguales que han sido mis maestros, o mis pares en la administración púbica federal; estatal y delegacional.
Voy a intentar escribir ahora de un ser humano al que quiero mucho. Lo conozco desde hace 30 años, cuando allá por 94, Ignacio Pichardo Pagaza nos encerró en el CEN del PRI para ganar las elecciones del doctor Zedillo. Y lo hicimos.
Allí me tocó trabajar en el 5º piso, dependiendo del presidente que era el mismo maestro Pichardo y de Humberto Lira Mora. De él dependía un cuerpo colegiado de ex secretarios de gobierno, de distintos estados de la República Mexicana.
Y allí estaba el muy particular y joven aún Arturo Montiel, que era quien le seguía a Lira Mora, secretario de organización. Trabajábamos de verdad de sol a sol y en ese equipo estaban personas de excelencia como Olga, como Isidro, como Cruz, como Miguel.
Todo lo que sabrá y tendrá guardado en la conciencia el santo Isidro. Todo lo que caminó: aún un pleito que se echó contra la poderosísima primera dama de entones: Martita Fox. Újule, solo él se hubiera atrevido.
Juntó a los diputados de aquel entonces, a favor de su gobernador al que siempre quiso mucho y que vio como su maestro. El aprendiz resultó bueno y brillante.
Ojalá se junten los mejores abogados de este país y lo defiendan. Se lo merece. Porque si no, desde donde esté, va a hacer un gran, profundo adoctrinamiento de amor a su patria. Eso lo sé.
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