En una entrevista reciente comenté sobre la gira que está realizando el virtual presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, Héctor Maceda García, quien ha decidido recorrer nuestra entidad en compañía de varios personajes vinculados al partido en el poder. Cómo gustan de decir ellos: ¡fuera máscaras! O como decimos en el argot legal: a confesión de parte, relevo de pruebas.
Pasarán los años y quizás no terminaremos de dimensionar el volumen de destrucción institucional que hemos vivido en los últimos años hasta que tengamos que recorrer el camino de una segunda transición mexicana a la democracia. Lo que se construyó a través de un gradual prueba y error, reformas que cada 3 años iban parchando los huecos no previstos construyeron un andamiaje institucional perfectible, sin lugar a dudas, pero que aspiraba a construir un país equitativo y con justicia.
La gira de Macedo no fortalece la confianza en la justicia, la debilita. Parece indicar estar al servicio de un grupo, de sus operadores políticos y de sus causas. La justicia no debe conocer de colores, ni de nombres propios, sino de la ley y la imparcialidad. Cuando los jueces se alinean con un partido, la ciudadanía pierde.
¿Que nos queda? No quedarnos callados, este gesto de Macedo tiene que ser denunciado, criticado y de conocimiento público; las y los mexiquenses tenemos que exigirle una actuación acorde a derecho, el respeto a la ley y la imparcialidad judicial están en juego. La abstención en esta elección fue en sí misma un mensaje de que la ciudadanía no apoyaba ni comprendía un mecanismo que más que participativo estaba diseñado para que solo las estructuras oficialistas con sus infames “acordeones” hicieran la “elección” de quienes estaban previamente designados.
Desde los partidos nos toca proponer las reformas necesarias para crear un poder judicial profesional, independiente, autónomo y capaz de resolver los asuntos cada vez más numerosos que apremian a las y los mexiquenses. Así como señalar los verdaderos diques en el ejercicio de la justicia que no están primariamente en lo judicial, sino en el ejecutivo: Los ministerios públicos.
Mientras el Estado no tenga la capacidad de investigar y perseguir los más diversos crímenes que azotan a la ciudadanía poco importara la capacidad, o no, de los jueces, pues estos llevan a cabo sus fallos a partir de las carpetas que son integradas por los Ministerios, el verdadero elefante en la sala que no fue mencionado por el oficialismo en la búsqueda de esta reforma que no mejora, sino que solo puso a su disposición el poder judicial.
*Omar Ortega es Coordinador del grupo parlamentario del PRD en el Congreso del Estado de México