elsoldetoluca
Análisislunes, 2 de febrero de 2026

Las cifras del terror

El problema no es solo la violencia. El problema es la costumbre, la resignación, la anestesia social frente al dolor.

Aquí aparece el verdadero escándalo: la indiferencia política.

Pero normalizar la violencia no la hace inevitable; la hace permanente.

Aceptar el horror como parte del paisaje es renunciar a exigir justicia.

Y un Estado que permite que sus calles se conviertan en depósitos de cuerpos es un Estado que fracasó en lo más básico: proteger la vida.

No estamos vacunados contra el dolor. Estamos abandonados a él.

Y mientras la política siga más preocupada por las elecciones que por los cadáveres, la pregunta no es cuántos cuerpos más aparecerán, sino cuánto más estamos dispuestos a tolerar antes de llamar a las cosas por su nombre.

Porque esto no es normal.

Y no debería serlo jamás.

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