El apoyo a Cuba no solo debe evaluarse desde la solidaridad, sino desde la coherencia y la responsabilidad. Cuando la política exterior se mueve entre contradicciones, los que terminan asumiendo los costos directos, son los ciudadanos.
Durante décadas, Cuba representó una causa, un símbolo y en distintos momentos para los gobiernos del PRI en el pasado, y actualmente de Morena, una referencia moral. Sin embargo, esa narrativa se encuentra en crisis. El actual contexto ofrece un caso particularmente revelador de esta tensión entre pragmatismo, narrativa e interés.
El gobierno mexicano ha sostenido historicamente una postura de solidaridad con Cuba, defendiendo su soberanía y criticando el embargo. Pero en los hechos, ese respaldo ha sido cada vez más limitado, su apoyo es más simbólico que estructural. Se mantiene el discurso, pero se modera la acción por la presión del gobierno trumpista que amenaza con endurecer sus politicas arancelarias a quienes apoyen a la dictadura cubana.
La reciente invitación, del expresidente López Obrador, a realizar donaciones para Cuba a través de una asociación civil de reciente creación ha avivado una contradicción difícil de ignorar. Durante su gobierno, fue uno de los principales críticos de las asociaciones civiles, a las que acusó de ser instrumentos de intereses conservadores y opacos. Muchas fueron deslegitimadas públicamente. Sin embargo, hoy se recurre a ese mismo mecanismo para canalizar apoyo a una causa ideológica específica. ¿las asociaciones civiles son válidas solo cuando sirven a ciertas causas?
Pero la contradicción adquiere mayor relevanciadebido a que el gobierno de Trump ha calificado a la dictadura cubana como una organización terrorista, y un asunto de seguridad nacional, de manera que las donaciones podrian interpretarse como apoyo a ese régimen, con implicaciones migratorias o legales para quienes lo hagan. Si, muchos, podrian apoyar motivados por ayudar genuinamente al pueblo cubano, cuando en realidad, esos recursos se canalizaran a traves del gobierno calificado como una dictadura represora de las libertades públicas.
¿Quienes decidan donar, son plenamente conscientes de los posibles riesgos? Para miles de mexicanos, estudiantes, empresarios, profesionales, que dependen de su visa para viajar, estudiar o hacer negocios, este no es un tema ideológico, sino práctico.
Lo que queda al descubierto es una constante: la política hacia Cuba ha dejado de ser un tema de coherencia ideológica para convertirse en un ejercicio de pragmatismo politico. México busca mantener una narrativa de solidaridad que conecte con su base política, pero sin comprometer su relación estratégica con Estados Unidos. El resultado es una postura ambigua, donde el discurso y la acción no siempre coinciden. México, como otros países de la región, sabe que su relación con Estados Unidos es demasiado importante como para arriesgarla por Cuba.
El resultado ambiguo: se apoya a Cuba, pero sin comprometer demasiado; se defiende su modelo, pero sin replicarlo; y se critican a las Asociaciones Civiles, pero no cuando resultan útiles.
Mientras tanto, Cuba enfrenta una de las crisis más profundas de su historia reciente. La migración masiva, la escasez y el deterioro económico ya no pueden explicarse únicamente por un supuesto embargo. También reflejan los límites de un modelo económico que durante años fue idealizado, pero que en la practica no funciona.
El apoyo a Cuba no solo debe evaluarse desde la solidaridad, sino desde la coherencia y la responsabilidad. Cuando la política exterior se mueve entre símbolos y contradicciones, quienes terminan asumiendo los costos, son los ciudadanos.