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Méxicosábado, 18 de octubre de 2025

Veracruz: El Álamo, pérdida total

La solidaridad de las fuerzas federales, las IAPs y la población de municipios vecinos mantiene en pie a los damnificados

Ximena García

Aún hay casas anegadas, animales muertos que nadie ha retirado y una humedad que se aferra a los muros.

En la colonia Santa Cruz, una de las más dañadas, los días pasan sin maquinaria, sin medicamentos y sin descanso.

En medio del fango, Macaria está sentada frente a lo que fue su casa. Tiene 85 años y la artritis la mantiene inmóvil. Perdió hasta los zapatos y con ellos la posibilidad de andar.

Vive al fondo del barrio, donde las brigadas casi no llegan.

En cuestión de horas, el agua cubrió viviendas, arrastró árboles y dejó incomunicadas a más de 120 calles del municipio.

Los caminos se abrieron días después, cuando el nivel bajó, pero la palizada y los escombros bloquearon los accesos.

La ayuda que llega con lentitud

Algunos llegaron desde Tuxpan, otros desde Ciudad de México. Los que tenían botas se hundían igual; los demás caminaban descalzos porque ya no les quedaban zapatos.

No hay hambre, dicen los vecinos, pero sí fiebre, diarreas y descompensaciones. Los medicamentos escasean y los centros de salud no se dan abasto.

A la entrada del municipio, el movimiento no se detiene. Camionetas cargadas con ropa llegan cada minuto, aunque muchas quedan varadas en el lodo porque la gente de las colonias cercanas corre a interceptarlas antes de que pasen.

Jenny, habitante de Tuxpan, contó que salieron hace más de cuatro horas y los enviaron a una colonia donde casi no había damnificados.

Llevaban tamales, ropa, algo de comida, pero prefirieron quedarse ahí para repartir lo que pudieran.

Entre montones de ropa húmeda y bolsas negras apiladas, militares, marinos y voluntarios se mezclan.

A todos los vamos a apoyar, les dijo antes de avanzar con el convoy.

El río que no se calla

Pero el caos verdadero está río arriba, en la ribera del Pantepec, donde el agua arrastró casas, animales y personas.

Macaria dice que vio a dos flotando, los arrastraba la corriente y no supo si se salvaron. En la fila de auxilio, Perla sostiene un contenedor cubierto de barro, lo único que pudo rescatar de su vivienda.

Dice que no les ha faltado comida gracias a la gente que llega desde lejos, pero los niños se están enfermando y no hay medicinas.

A su lado, Laura comenta que los desaparecidos siguen sin nombre y que nadie lleva un conteo real.

“No sabemos cuántos están muertos ni quiénes son, asegura. Varios eran niños y sus familias aún los buscan con esperanza”.

En Santa Cruz el lodo llega a las rodillas y el aire pesa. Los árboles parecen quemados por el agua y las paredes guardan una línea oscura que marca hasta dónde llegó el nivel.

Los animales muertos se confunden con el suelo, con los muebles, con la vida que quedó atrapada en el barro.

De acuerdo con Protección Civil, Álamo Temapache es uno de los municipios más afectados por las lluvias de octubre.

En toda la región norte de Veracruz, más de 300 mil personas resultaron damnificadas y aquí el agua cubrió las calles durante tres días completos.

El drenaje colapsó, el Pantepec cambió de cauce y la corriente arrasó con todo lo que encontró a su paso.

Nadie sabe con certeza cuántos desaparecieron ni cuándo volverán la luz o el agua potable.

Macaria mira el río que todavía murmura y dice que al menos no los han dejado solos, pero que no sabe si podrá empezar de nuevo.

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