No pasa nada... pero sí pasa
Pero sí pasa.
Porque cuando un gobierno insiste en que “no pasa nada”, en realidad está diciendo que no hay nada que cambiar. Y eso, en un país con tantas necesidades, es profundamente preocupante.
A esto se suma una constante que ya no puede pasar desapercibida: los escándalos de corrupción siguen acumulándose. Y ante ello surge una pregunta inevitable: ¿de verdad no sabían nada… o simplemente decidieron no ver nada?
Minimizar los problemas no los desaparece. Al contrario, los agrava. Los empuja al silencio momentáneo, pero también a una acumulación que, tarde o temprano, termina por desbordarse.
México no necesita que le digan que todo está bien. Necesita gobiernos que reconozcan lo que no lo está. Que escuchen antes de responder y que actúen antes de justificar.
Porque cuando desde el poder se insiste en que no pasa nada… lo que realmente está pasando es que ya dejaron de entender a su gente.














