Roomies
Si la idea es abreviar, les adelanto que la palabra Roomie significa compañero de cuarto y es la persona con la cual se comparte un lugar para vivir, ya sea, una casa o departamento. Listo. Traducido al español, roomie es un compañero de cuarto sin ser tu pariente. Punto.
Ignoro desde cuando empezaron a llamarle así pero se me hace que fue después de los años ochenta, periodo en el cual me tocó, me vi obligado, quise, disfruté, pedí, fui invitado o no me quedó otra, que vivir con un roomie, según le llaman ahora.
Algunas páginas también dicen que es la persona que busca salir adelante, con determinación y decisión propias enfrentándose a no sé qué pero eso es como ponerle al tema un tono muy dramático y a mí ese ingrediente no me gusta, matarile rile ron.
La cuestión a despejar aquí, es si desde hace añales existían los roomies, llámese como llámese o estos surgen a partir del día que les empezaron a nombrar así.
A propósito :
¿ Desde cuándo les empezaron a llamar así?
¿ Hay roomies en todo el planeta o en algún lugar habrá una ley que los prohiba?
¿ los roomies en antaño serían más honorables que los de ahora, o no gozaban de mucho prestigio?
¿Eres roomie nomás por compartir un cuarto o hay varios tipos de roomies?
¿Se empieza a ser roomie desde que pactas vivir juntos, desde que empiezan a vivir juntos o por haber vivido juntos, ya son roomies toda la vida?
¿ Hay roomies que al tercer día ya quiere darle uno al otro, con la plancha en la cabeza o los conflictos tardan en llegar?
¿ Esos o esas que un día optaron por ser roomies, a los años terminan odiándose a muerte, se ven y se sacan la lengua, nunca más se dirigen la palabra o se vuelven los mejores amigos como esos venían de Mapimi?
Es un decir, pero me entienden.
Porque da la casualidad, según puedo entender el término, que yo viví con cincuenta roomies como mínimo porque llegamos a ser más en esos años ochenta que les cuento.
Había quien vivía con dos o tres, ya sea por decisión entre ellos; alguno aceptaba irse a una casa que era propiedad del que lo invitaba porque sus papás se la habían comprado para cuando se viniera a la capital.
No me puedo quejar: todas estas modalidades, las viví, o las sufrí, o las goce, o las padecí, o las recorrí o las añoré o las lloré o las defendí o las soporté, pero no me puedo quejar.
No.
Menos ahora que me puedo dar cuenta que fui roomie. ¡Fui roomie! y que de esa experiencia, me sobran historias y me falta el tiempo para contarlas.
Y sobre todo la autorización de los que de ellas fueron parte.
Les repito que,en una de las casas que viví, pasábamos de los cincuenta miembros, es decir, de roomies y sumadas la biografía vivida en ese domicilio de cada uno de ellos y cada una de ellas, harían posible la edición de varios tomos.
Me muero por contar aquí algunos ejemplos de esas epopeyas, anécdotas, tragedias o no sé cómo llamarlas. Pero me moriría, literalmente, a mano de alguno de los involucrados en caso de que me ponga a soltar la lengua sin su legítimo consentimiento.
No estoy bromeando.
No.
Pero ya lo haré cuando así se pueda.En tanto eso ocurre, prefiero escudarme en la máxima:
”Entre los roomies, como entre sus colchones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”
Pero yo fui roomie y ni quien me lo quite, ni tampoco quiero olvidar.













