SIN PROTOCOLO | El poder no se comparte
La transición de un gobierno a otro por lo regular no suele ser tersa; siempre hay sobresaltos aun cuando se trate del mismo proyecto gubernamental.
En el caso de Morena y Andrés Manuel López Obrador, difícilmente será la excepción.
No es para menos. El Presidente ha impuesto su sello en el futuro gobierno de Claudia Sheimbaum.
A como dé lugar quiere seguir gobernando a través de la futura Presidenta. Pero la Constitución –que nunca ha respetado- se lo impide.
El Artículo 80 establece que el Poder Ejecutivo se deposita en “un solo individuo”. El poder no se divide ni se comparte. Ese es el espíritu constitucional.
Sobre decir que de los Tres Poderes de la Unión, el del Ejecutivo es inmenso: promulga y ejecuta leyes.
Nombra y remueve libremente a secretarios de Estado; designa a embajadores, cónsules generales y empleados superiores de Hacienda.
También nombra coroneles y demás oficiales del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. Pero además dispone de la totalidad de sus integrantes como comandante supremo.
Adicionalmente dispone de la Guardia Nacional, firma tratados internacionales, dirige la política exterior, habilita puertos y aduanas, declara la guerra previa ley del Congreso.
Asimismo, tiene la obligación de “facilitar al Poder Judicial los auxilios que necesite para el ejercicio expedito de sus funciones”. Aquí no cumple con la Constitución.
Como se observa, el Presidente goza de facultades metaconstitucionales, pero López Obrador ansía y desea más.
El caso es que la Constitución no le da poder a los ex presidentes, más que los del ciudadano de a pie.
Es decir que la era López Obrador, está por llegar a su fin; su legado, poco a poco se irá disipando.
La composición de su movimiento está hecho para la lucha encarnizada por el poder.
Ahí están claros los ejemplos de oportunismo, chantaje, amago y abuso de personajes como Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña e incluso Marcelo Ebrard.
Las mismas facultades que detenta hoy el de Macuspana, las tendrá Claudia Sheinbaum a partir del 1 de octubre.
¿Las compartirá con su mentor? Difícilmente. Ernesto Zedillo, por quien nadie apostaba como estadista, ató de manos a Carlos Salinas encarcelando a Raúl Salinas.
Zedillo se afianzó y desterró a Salinas, a grado tal que ese exilio se prolongó prácticamente hasta estos días.
Sheinbaum tendrá el gran reto de sacudirse no solo la sombra sino el yugo de quien busca llevar las riendas del poder a través de sus imposiciones.
Con base a lo anterior, no será tersa la transición guinda.
X: @JoelSaucedo
saucedosj@yahoo.com.mx
















