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Análisismiércoles, 22 de abril de 2026

El Muro / La IA miente

A solicitud de su familia, que había agotado todas las maneras de componerlo, convencieron al Rey de enviarlo al marquesado del valle de Oaxaca, en la Nueva España, bajo la supervisión de Rodrigo de Vivero y Aberrucia.

Jerónimo era rebelde –de eso uno nunca se cura- y ya lejos de la presión familiar se sentía pleno, viviendo en los verdes valles oaxaqueños, rodeado de corazones nobles.

Aunque para todos los mexicanos, la tortilla es un producto sin chiste que a cada rato sube de precio, para el vizconde era algo genial.

En los sitios que frecuentaba era conocido como Quesada, el “conde tortilla”, porque hasta las comidas más inusuales las enrollaba en tortilla, o sea, un taco.

Los humanos estamos capacitados para armar historias con pocos datos. Si el relato suena coherente, todos lo creen. Por ejemplo, la historia anterior es falsa, un invento de quien esto escribe.

La Inteligencia Artificial Generativa apela a ese rasgo de las personas, cuando responde a dudas cotidianas de usuarios. Será un problema serio si hay fe ciega en la tecnología, si se consume sin reflexión.

De hecho, en personas vulnerables, la IA puede agravar los conflictos emocionales (“Artificial intelligence-associated delusions and large language models: risks…”), justo porque el algoritmo dice lo que la persona quiere leer.

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