Salud por tu centenario, querido poeta Jaime Sabines, por haber nacido casi con la primavera, que llena tu natal Tuxtla de flores amarillas y rosas. El 25 de marzo de 1926, llegaste a este mundo con un destino: marcar para siempre las letras chiapanecas.
Tu poesía vino a mostrar una nueva manera de ver y decirlo todo. Abriste las puertas del encierro en el que la mantenía el canon de lo solemne para acercarla a la gente, y entonces la entendimos todos, la hicimos nuestra. Porque tú nos hablaste en ese lenguaje sencillo y cotidiano con el que nos saludamos en la calle, compramos en el mercado, lloramos la muerte y damos un pésame, o decimos “te amo”.
Quizás al principio algunos no la aceptaron como poesía y tú mismo llegaste a decir que no lo era, pero ya tus amigos escritores y muchos lectores la habían recibido y reconocido como tal. Y te convertiste en un autor de culto, al que seguían multitudes, lo mismo que a un rock star.
Monsiváis cuenta cómo una pletórica sala Nezahualcóyotl en la UNAM, acompañó la lectura de poemas con que celebraste tu septuagésimo cumpleaños, y muchos jóvenes iban diciendo contigo los poemas y te pedían uno y otro, como se le solicitan canciones a un artista en un concierto. Lo mismo ocurrió en tus presentaciones en Bellas Artes y en el Polyforum de tu natal Tuxtla Gutiérrez.
En estos días, en tu terruño se han realizado un sinfín de actividades para rendirte homenaje: recitales, encuentros poéticos, muestras pictóricas y fotográficas, dramatizaciones, documentales, programas de televisión y publicaciones como la edición digital de 100 poemas dedicados a ti e inspirados en tu obra. Una fiesta muy grande, como lo mereces.
Y como también elegiste marzo para irte, hubo muchos eventos para conmemorarte, en varios de ellos, quienes te conocieron contaron anécdotas -algunas reales, otras ficticias- pero a todas se les dio crédito, con tal de sentir que el ser humano y el admirado poeta fueron uno, y caminaron las mismas calles que andamos nosotros, y se asomaron por las mismas ventanas y aspiraron el aire fresco del amanecer tuxtleco.
Dichosos los que te vieron y escucharon personalmente, con esa voz maravillosa y esa mirada cristalina e intensa, los que disfrutaron una charla contigo mientras tenías en la mano el imprescindible cigarrillo cuyas volutas de humo te envolvían en un aura majestuosa.
Salud Sabines, por tus letras, por ese platicar de Dios y del diablo sin miedo, por recordarnos que la muerte es lo único seguro que tenemos, y mostrarnos el camino del duelo ante una pérdida.Salud Sabines, por dejarnos la mejor definición del amor en el silencio, por enseñarnos a medir el tiempo, por contarnos que hay millones de formas para un “te quiero” sin tener que decirlo y de vivir la intensidad en el sexo.
Salud Sabines, porque podemos evocar tus letras antes de dar un beso, cobijarnos entre unos brazos, o despedirnos irremediablemente.
Salud Sabines, porque podemos bebernos la luna a cucharadas o guardarla bajo la almohada mientras soñamos cabalgatas.
Salud Sabines, porque estos cien años han sido apenas el principio de tu eternidad.