Análisismiércoles, 10 de diciembre de 2025
Expediente Q / Atorados
DE REBOTE
ÚLTIMAS COLUMNAS
Más Noticias
COLUMNAS
CARTONES
LOÚLTIMO
Newsletter
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
La inseguridad vial en Querétaro tiene que dejar de verse como anécdota para convertirse en un problema de salud pública, que se tiene que atender. Los accidentes provocados por conductores en estado de ebriedad no son hechos aislados ni mala suerte: son el resultado de una conducta irresponsable que sigue cobrando vidas; tragedias recientes lo confirman, recordar que dos jóvenes perdieron la vida en Calzada de los Arcos y Bernardo Quintana tras ser arrollados por una mujer (La Mufasa) presuntamente alcoholizada. En otro hecho, una mujer murió porque su pareja decidió conducir ebrio. Son historias distintas con el mismo origen, alguien decidió manejar sin estar en condiciones de hacerlo.
Cada fin de semana, en promedio, más de 30 personas son enviadas a los centros de alcoholimetría Torito y Vaquita, ese número no refleja eficiencia ni éxito; refleja que sigue habiendo una normalización peligrosa del consumo de alcohol al volante. Esos 30 detenidos representan, potencialmente, 30 accidentes evitados, 30 familias que no recibieron una llamada de madrugada, 30 tragedias que no ocurrieron. Pero también evidencian que las sanciones actuales no están siendo suficientes para inhibir la conducta.
La decisión de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal de Querétaro de operar el alcoholímetro de manera diaria durante todo diciembre es correcta y necesaria. No es una medida recaudatoria ni un exceso de autoridad, como algunos insisten en argumentar. Es una acción preventiva frente a una realidad que se ha vuelto insostenible. Diciembre incrementa la movilidad, las reuniones y el consumo de alcohol; negar esa realidad sería irresponsable desde la autoridad.
El secretario Juan Luis Ferrusca Ortiz fue claro: el operativo será itinerante, el personal no descansará y la vigilancia se reforzará tanto en calles como en plataformas digitales. El mensaje institucional es contundente: quien decida manejar bajo los efectos del alcohol se enfrentará a consecuencias.
También es momento de que la sociedad asuma su parte, no basta con exigir operativos cuando ocurre una tragedia y criticarlos cuando nos toca una revisión. Conducir ebrio no es un error menor ni una falta administrativa cualquiera: es una decisión consciente que pone en riesgo a terceros.
De pronto le salieron dientes a la Conagua y revisa casi con uso de la fuerza los pozos en Querétaro, habrá que ver si en realidad se busca uso indebido de concesiones de extracción de agua o como algunos dicen andan justificando acciones por la nueva Ley de Aguas Nacionales. Esperemos que estos hechos no se presten para actos de corrupción, porque el río suena de que el anterior delegado habría elegido un camino equivocado.