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Querétaro dejó de ser hace tiempo una entidad de paso y de apacible calma, hoy es un destino que eligen miles de personas para vivir y echar raíces; cada año llegan alrededor de 20 mil personas a vivir al estado y el promedio diario ronda las 120, estamos frente a un fenómeno sostenido, a eso se suma que cerca del 30 por ciento de la población es migrante interno y que más de una quinta parte de quienes viven aquí nacieron en otra entidad. El estado está entre los primeros lugares nacionales con mayor población foránea.
Los datos sobre el origen de quienes llegan son reveladores; Ciudad de México, Estado de México y Guanajuato concentran buena parte del flujo. Se trata de población que busca mejores condiciones de seguridad, empleo y calidad de vida. Querétaro se vende como eso y, hasta ahora, lo ha logrado sostener.
El dato de los más de 24 mil 600 extranjeros de al menos 75 nacionalidades confirma que el fenómeno no es únicamente interestatal. La presencia internacional se duplicó en una década. Eso habla de inversión, de industria instalada y de un ecosistema educativo atractivo. Pero también implica retos en servicios, vivienda y movilidad
En el terreno educativo, que uno de cada tres estudiantes de nivel superior sea foráneo es un indicador potente; las universidades se han convertido en polos de atracción, la secretaria Martha Elena Soto Obregón afirma que los tres niveles están preparados para recibir más alumnos, incluso ante eventuales desplazamientos por violencia en otras entidades; ahora Querétaro puede convertirse en un refugio académico.
El asunto es que cada persona que llega demanda agua, energía, transporte, servicios médicos, espacios públicos y empleo. El crecimiento sin planeación genera tensiones que tarde o temprano se traducen en inconformidad social. La migración hacia Querétaro no es un problema, es un síntoma de éxito relativo frente a otras regiones. La presión demográfica no se va a detener, lo que sí puede cambiar es la capacidad de respuesta.
El diputado federal Gilberto Herrera Ruiz difundió un video para asegurar que en la Universidad Autónoma de Querétaro no hubo Estafa Maestra de 320 millones de pesos y que un juez así lo determinó; tono triunfante y vuelta a la página. Falta precisar si se trató de una absolución de fondo o de una prescripción que simplemente le dio pausa al proceso; el diputado federal respira, se victimiza y convierte una resolución judicial en bandera política.