Contraluz: Apoteosis
Un público enfervorecido colmó el recinto y más que asistir a un gran espectáculo pareció estar dispuesto a vivir una gran celebración al tenor Camarena
Carlos Jiménez E. / Colaborador / Diario de Querétaro
Ya los filósofos griegos, Aristóteles a la cabeza, hablaban de catarsis como un instrumento de “purificación”, de reflexión, de limpieza del alma, de paréntesis terapéutico…
Y en la festiva celebración de dichas funciones algo de ello podría adivinarse.
José Noé Mercado elogió sin ambages al novedoso elenco citándolo como revelación, y escribió entonces sobre Javier Camarena: “Otro cantante mexicano que ya se vislumbra podrá inscribirse en el panorama tenoril internacional”.
El enfebrecido público consagró a Camarena en ritual festivo que éste agradeció en las dos funciones, rodilla en tierra.
Habrá qué anotar por último que hubo diálogos –recitativos- que no están en la partitura y que en algún momento cayeron en lo facilón y mediático que sin embargo el público celebró con risas y aplausos.
Aún así, las dos funciones quedaron para la historia. Fueron de hecho un homenaje indescriptible y pleno de reconocimiento al tenor Javier Camarena quien se vio feliz, entregado y dispuesto ante un hito poco frecuente: ser profeta en su tierra.
Javier Camarena está programado para protagonizar este año óperas y galas en el Metropolitan Ópera de Nueva York, en Santa Cecilia, Roma; en el Festival de Salzburgo, Austria; en Berlín, en París y en Viena.
Y por supuesto el tenor español-mexicano Plácido Domingo, para muchos el tenor número uno de los tiempos modernos.



























