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La formación ética no es sólo responsabilidad de la escuela es un compromiso social que involucra a todos los miembros de la comunidad educativa, incluyendo a padres, tutores y la sociedad en general. La escuela junto con padres y familiares debe trabajar en conjunto para fomentar los valores éticos y morales en los estudiantes. La educación ética debe ser una parte integral en la formación formal y no se limita a la responsabilidad de la escuela. (Diario de la Educación).
Cuando surge un debate de orden moral en clase, a veces intentamos evitarlo. Le decimos a nuestro alumnado: “eso ahora no toca, hay que continuar con el tema”. La evasión de este tipo de situaciones puede tener que ver con el resurgir, en los últimos años, de una vieja tesis: la misión de la escuela es exclusivamente instruir, no educar; enseñar contenidos, no formar conciencias. Este planteamiento se presenta como neutral, y deriva en ideas como las que hace poco escuché en un congreso educativo: “Yo sacaría la ética de la escuela …”. Así, evitamos problemas mayores. Sin embargo, separar enseñanza y formación de conciencia es pedagógicamente pobre, constitucionalmente inviable y filosóficamente ingenuo, comenta Albano de Alonso Paz en “Educar no es instruir: por qué es importante una formación integral ciudadana” en el Diario de la Nación.
En otro punto sobre este tema, De Alonso Paz es aquel donde opina que: desde Aristóteles, la educación se entiende como proceso de formación integral. En la política y la ética de Nicómaco, insiste en que la “paideia” Hoy no consiste en transmitir habilidades, sino cultivar la virtud, orientar al bien común y formar ciudadanos capaces de deliberar. Separar enseñanza y ética, que parece estar bajo ese pensamiento en el que” la escuela debe de dedicarse a enseñar” es una mutilación del propósito educativo.
Kant, siglos después profundiza en esta idea. En Über Pädagogik distingue entre “cultura” (habilidades conocimientos, refinamiento) y “moralidad” (formación del carácter, de la voluntad buena). Advierte: una educación que perfecciona la inteligencia sin orientar la voluntad produce sujetos peligrosos. De ahí la tesis -frecuentemente parafraseada -de que un pueblo puede ser muy culto y, sin embargo, profundamente inmoral.
La educación es el mecanismo mediante el cual una sociedad transmite los valores, que hacen posible una vida colectiva próspera, debilidad del mundo occidental actual. Sin educación moral no hay solidaridad, responsabilidad o sentido del límite. La enseñanza sin ética, moral o valores cívicos no cohesiona: fragmenta. Freire, en el siglo XX, desmonta la ilusión de la neutralidad. Toda educación transmite valores, incluso cuando pretende no hacerlo, la renuncia explícita a la ética no elimina la ideología: la vuelve invisible y acrítica.
De Alonso Paz nos dice: Europa aprendió demasiado tarde que la cultura y la instrucción no bastan para garantizar la moralidad. Alemania a comienzos del siglo XX, era un país avanzado en ciencia, filosofía, técnica y administración. Y, sin embargo, esa misma sociedad fue capaz de organizar la barbarie con precisión burocrática. Theodor W. Adorno, precisó sobre el particular, no basta con enseñar matemáticas, física o literatura: es necesario formar sujetos capaces de pensar críticamente, de resistir la obediencia ciega, de reconocer la dignidad del otro. Este pensamiento aplicado a la sociedad actual es absolutamente necesario.
“Hoy una de las resistencias más frecuentes a la educación cívica o ciudadana es la afirmación de que los valores o la ética ya están dentro de las materias tradicionales. Basta con enseñar bien historia, literatura o ciencias para transmitirla, idea que es epistemológicamente débil e insuficiente. Esta tesis confunde presencia potencial con formación efectiva. Que un contenido incluya valores no significa que el alumnado los interiorice”. Freire advirtió que la educación que se proclama neutral es la más ideológica. Cuando, ética humoral o ciudadanía no se trabajan de forma explícita, se cuelan sin crítica los valores dominantes: competitividad sin cooperación, éxito sin responsabilidad, indiferencia ante el sufrimiento ajeno, etc.
La psicología moral lo confirma: la madurez ética no surge por asimilación de contenidos. Requiere diálogo, conflicto cognitivo, modelos adultos, reflexión sobre dilemas. Un alumno puede resolver ecuaciones complejas y justificar el acoso a un compañero. Hoy conocer la ilustración y despreciar la igualdad. Si los valores estuvieran “dentro” de las materias, no habría médicos sin compasión, ingenieros sin responsabilidad social o economistas sin conciencia de justicia. Sin embargo, los hay.
Hoy los niños y jóvenes no sólo tienen derecho a la educación, sino que esta debe definir su finalidad, “el pleno desarrollo de la personalidad humana”. Esta expresión implica una concepción personalista y democrática del ser humano: el individuo no es sólo productor, consumidor, y recurso económico: es un sujeto moral, social y político. Esto no se agota en la transmisión de conocimientos, incluye la formación ética, cívica y democrática. Una escuela que renunciara a ello, vacía de sentido el derecho fundamental a la educación. Educar es formar humanidad, enseñar a relacionarnos. Acompañar a cada persona en el desarrollo de su juicio, sensibilidad, responsabilidad y capacidad de convivir. Concluye Alonso Paz.