Análisisjueves, 9 de enero de 2025
Ideología versus ciencia
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Resulta incomprensible la obstinación del gobierno actual en mantener una postura sin fundamento científico, respecto a la prohibición del maíz transgénico, especialmente después del contundente fallo del panel de arbitraje del T-MEC que declaró que el prohibicionismo del producto por supuestas. Esta terquedad ideológica no solo ignora la evidencia científica -recordemos que el gobierno fue incapaz de presentar un solo estudio que respaldara sus argumentaciones sobre riesgos a la salud-, sino que además pone en riesgo la credibilidad de México como socio comercial confiable.
La biotecnología agrícola ha revolucionado el campo mexicano, mejorando rendimientos y resistencia a plagas. La pretensión de prohibir estas innovaciones por decreto no solo es anacrónica, sino peligrosamente miope ante los retos de seguridad alimentaria que enfrentamos. El timing no podría ser peor. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y su ya conocida retórica contra México, estamos dando argumentos gratuitos para potenciales represalias comerciales. El T-MEC es claro: las restricciones comerciales deben basarse en evidencia científica, no en caprichos ideológicos.
Las consecuencias de este desafío al panel de arbitraje podrían ser severas. Estados Unidos podría imponer aranceles compensatorios que afectarían no solo al sector agrícola, sino a toda nuestra economía. Los principales perjudicados serían los pequeños y medianos productores, precisamente aquellos a quienes el gobierno dice defender. La ironía es que esta postura “nacionalista” terminaría dañando nuestra soberanía alimentaria. El maíz transgénico ha demostrado ser una herramienta vital para enfrentar los desafíos del cambio climático y la creciente demanda mundial de alimentos. Negarnos a esta realidad por dogmatismo ideológico es un lujo que México no puede permitirse.
Las decisiones en materia agrícola deben basarse en evidencia científica sólida, no en prejuicios. El desarrollo y la seguridad alimentaria de México están en riesgo. No podemos seguir jugando a la ruleta rusa con nuestras obligaciones comerciales internacionales, especialmente en un contexto geopolítico cada vez más complejo. Ahora, Morena anuncia que en 2025 presentará una iniciativa para prohibir formalmente la venta de este producto en México. Esto, insisto, no solo es una afrenta a nuestra credibilidad internacional, sino también un acto de negligencia hacia el bienestar económico y social del país.
La grandeza de un gobierno no está en su obstinación, sino en su capacidad de corregir el rumbo cuando la evidencia así lo demanda. Legislar debe ser un acto de responsabilidad y de servicio a la sociedad. La ciencia, como herramienta de progreso, proporciona las bases necesarias para tomar decisiones informadas.
El consenso científico internacional, respaldado por instituciones como la Organización Mundial de la Salud y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, ha determinado que el consumo de maíz transgénico es seguro para la salud humana y el medio ambiente. Nuestro país merece un gobierno que respete la ciencia, honre sus compromisos internacionales y trabaje por el bienestar de todos los mexicanos. No podemos permitir que la ideología se anteponga a la razón.