
Ahora que el incontenible movimiento independentista, y principalmente soberanista, de Cataluña goza de enorme actualidad y cuya tea libertaria no deja en paz las noches de desvelos demuchos espíritus libertarios que andamos por ahí vagando, me viene a la memoria un personaje soslayado de la historia de Chiapas que guarda un importante vínculo con este espíritu libertario catalán, aunque de otros tiempos, por supuesto.
Se trata de un personaje destacado para la proclamación de la Independencia de Comitán que desembocó en la Independencia de Chiapas en 1821: Fray Ignacio de Barnoya, catalán de origen, de Girona para ser más precisos, era heredero de una centenaria tradición de lucha por parte de un pueblo que se ha sacudido cuanto yugo han querido uncirle los distintos pueblos que le circundan.
Durante los sucesos iniciales de la proclamación de la Independencia por parte del Cabildo de Comitán respecto a la Capitanía General de Guatemala y por ende de la Corona Española, fray Ignacio de Barnoya era el párroco coadjutor del Convento de Santo Domingo de Guzmán, cuyo titular era el célebre Fray Matías de Córdova.
Barnoya había nacido en la ciudad catalana de Girona, la cual había sucumbido ante el embate de los franceses en 1809 en ocasión de la invasión napoleónica. Nuestro personaje participó siendo aún adolescente en defensa de su ciudad asediada, lo cual le valió el exilio a tierras americanas.
Un descendiente suyo, Francisco Barnoya Gálvez, publicó a principios de los setentas del siglo pasado en Guatemala referencias biográficas del fraile en una obra titulada Fray Ignacio Barnoya, prócer ignorado. Su actuación en pro de la independencia de Guatemala y en contra dela anexión de Chiapas a México, obra en la cual se da cuenta del muy activo y participativo espíritu del religioso en los sucesos contemporáneos que afectaban la vida de los pobladores en las localidades en que se hallaba nuestro personaje.
Al parecer hay una participación suya en los sucesos independentistas de la Nueva España durante 1812 y posteriormente llegaría a tierras chiapanecas con el obispo Salvador San Martín y Cuevas. Hay documentos del mismo Barnoya en que testimonia su participación como autor intelectual del movimiento libertario comiteco, lo cual está reforzado por declaraciones del jefe del destacamento militar en la plaza, teniente Matías Ruiz, quien aseguraba que la víspera de la declaratoria, es decir el 23 de agosto, el padre Barnoya “había procurado allegarse la voluntad de más de cien paisanos a su disposición, al tiempo que había hablado a varios oficiales, sargentos y cabos del escuadrón para el mismo objeto, pero también hizo referencia al apoyo prestado por fray Matías al plan de acción presentado por Barnoya”.
Pero, ¿por qué fue eclipsado Barnoya y su protagonismo en la heroica gesta ha sido totalmente minimizada por la historiografía tradicional chiapaneca? En su ensayo titulado Reflexiones sobre la independencia de la provincia chiapaneca y su integración a México, el Dr. Sergio Nicolás Gutiérrez propone que se debió a que “era un peninsular, en contraste con Córdova que era un nativo –nació en Tapachula- que llegó a trascender por su actividad en el campo de la cultura; por otro lado, la actuación posterior de Barnoya en favor de la unión de Chiapas a Centroamérica sin duda contribuyó a eclipsar su figura. No convenía presentar en el ámbito del emergente nacionalismo mexicano a un personaje que impugnaba la legalidad del proceso de incorporación de Chiapas a México”.
Esa fue pues la actuación destacada de Barnoya, el independentista catalán en estas tierras chiapanecas. Ejemplo que ha surcado la historia, la imbricada geografía libertaria, sin importar épocas ni territorios continentales. Recordemos otro caso en la historia de la Independencia de México, a Francisco Xavier Mina, ese español que luchó al lado de los caudillos independentistas mexicanos durante la gesta de 1810. O bien, el caso de quien exiliado de estas tierras mexicanas hacia la península, ese extraordinario fraile, escritor, intelectual, escapista y cuasi personaje de novela, que tanto encomió su paisano regiomontano Alfonso Reyes: me refiero a Fray Servando Teresa de Mier, quien luego de haber sido expulsado por el clero local se trasladó a la península ibérica y desde allá apoyó con la pluma y sus ideas progresistas la causa independentista mexicana.
Se trata de esos seres, Barnoya, Mina, Teresa de Mier, que no pueden contener en el pecho las terribles borrascas libertarias que los impulsan a ser hombres de acción sin importar dónde se encuentren y quienes con tan sólo que huelan el tenue aroma de la libertad, de la emancipación, están prestos a entregar sus energías en pro delos más altos ímpetus libertarios.